lunes, 23 de mayo de 2022

NATURALEZA EN LOS SUEÑOS

 











Pasamos una tercera parte de nuestros días durmiendo. Durante un tercio de nuestras vidas estamos durmiendo. Muchas personas ignoran lo que ocurre mientras duermen, y se preocupan sólo de despertarse sintiéndose renovados. Pero para alguien que tenga sesenta años, significa que veinte años de su vida permanecen ignorados.

 

Se puede sacar partido de este tiempo desperdiciado prestando atención a tus sueños, que son importantes por varias razones.


El cuerpo físico necesita dormir para recomponerse tranquilamente, crecer y recargarse a sí mismo. Sin sueño el cuerpo se queda sin los químicos necesarios para mantenerse activo. A través de los sueños, el cerebro selecciona y archiva aquellos pensamientos e imágenes captados durante el día antes de colocarlos apropiadamente en la memoria, como la desfragmentación del disco duro de un ordenador para que trabaje mejor.


También los cuerpos astral y etérico reponen su energía durante el sueño. Cuando el cuerpo etérico está bajo de energía, puede ser que te sientas débil y que tengas problemas en prestar atención. Cuando el cuerpo astral se halla bajo de energía, puede ser que te sientas hecho un asco, que te distraigas fácilmente, incapaz de hacer nada creativo. Para recargarse, tanto el cuerpo etérico como el astral pueden expandirse durante el sueño, e incluso desplazarse fuera del cuerpo físico para empaparse de energía, de forma parecida a como las plantas despliegan sus hojas para captar el sol.


En cuanto a la mente, el sueño hace algo asombroso. A través de los sueños, la mente sintoniza importantes mensajes que de otra manera no pueden introducirse mientras la persona está despierta. Hay tres maneras principales en las que los sueños son útiles para la mente.


Primero, en el nivel más básico, los sueños pueden comunicarte problemas relativos a lo que has estado haciendo, pensando o sintiendo recientemente. Como cuando has estado haciendo algo perjudicial sin saberlo, o permitiéndote sentirte enfadado y deprimido durante demasiado tiempo, o cuando has estado pensando sobre iniciar un nuevo proyecto que va a ser sólo una pérdida de tiempo. Mensajes como éstos pueden serte mostrados en sueños.


Segundo, los sueños pueden hablarte del futuro. Experiencias importantes en las que puedes verte involucrado dentro de un par de días o semanas pueden aparecer primero en tus sueños. ¿Qué tipo de experiencias? Bueno, positivas, como logros o sorpresas inesperadas, o negativas que podrían estresarte, entristecerte o enfadarte. Si aprendes acerca del futuro a través de tus sueños, puedes realmente estar preparado para manejar malos momentos, e incluso en ocasiones impedir que ocurran desde el principio. De esta manera los sueños pueden trabajar como un radar para mostrarte lo que está por venir.


Y tercero, los sueños pueden ser videojuegos emocionales si aprendes como llevar a cabo, dentro de ellos, lo que estás soñando. Son los llamados sueños lúcidos donde "lúcido" significa consciente o alerta. En un sueño lúcido sabes que estás soñando y por tanto puedes hacer cualquier cosa que quieras. Puedes volar alrededor y explorar el panorama del sueño, atravesar paredes o levitar y cambiar la forma de los objetos, hablar con extraños personajes del sueño o escuchar música del sueño... Cualquier cosa, todo ello creado por alguna parte de tu propia mente. Los sueños lúcidos también te pueden permitir hablar con parientes fallecidos o con seres de otras dimensiones que se deslizarán en tu sueño si los llamas.


El primer paso para utilizar tus sueños es recordarlos. Para hacerlo, asegúrate de que duermes lo suficiente. Cuando te despiertes, no te lances a pensar en lo que harás ese día. En lugar de eso trata de recordar tan solo lo que soñaste. Lo más útil es tener un bolígrafo y una libreta de notas cerca de tu cama, y cada vez que te despiertes anotar todo lo que recuerdes. No sólo te ayudará más tarde a acordarte de los sueños, sino que también le dice a tu mente que recordarlos es importante.


Automáticamente, en los próximos días o semanas encontrarás que tus sueños son más fáciles de recordar.


El segundo paso es interpretar su significado. Esto es delicado porque los sueños son principalmente simbólicos. Significa que el mensaje que contiene está envuelto en un enigma de imágenes, palabras y temas que no han de ser tomados literalmente. Por ejemplo, soñar que te ataca un oso no significa que en realidad vayas a ser atacado por un oso, pero podría significar que vas a tenerte unas palabras con una persona desagradable. O soñar que estás atrapado por un tornado puede significar que te verás envuelto en una tensa experiencia emocional muy pronto. 

 

Al escribir tus sueños puedes compararlos con lo que realmente ocurre en tu vida, o con cualquier cosa importante que te ocurra en los próximos días, y con el tiempo aprenderás a interpretarlos más certeramente. Para iniciarte puedes utilizar un diccionario de sueños que te aporte sugerencias sobre lo que un símbolo suele a menudo significar.


Debes también saber que hay seres astrales negativos, es decir formas de vida sin cuerpo físico, que se alimentan de tu energía emocional de miedo o enfado, y que en ocasiones te rondan cuando duermes para entrar a la fuerza en tus sueños, convirtiéndolos en pesadillas. Principalmente suelen escoger a los niños porque los jóvenes tienen cuerpos etericos más débiles y son más fáciles de asustar. Se pueden identificar estos sueños por lo muy enfadado o asustado que te hacen sentir, y por lo disparatados que son.


Si tienes pesadillas a menudo, antes de irte a dormir trata de recordar algo feliz, luego visualiza que tu habitación y tu cuerpo están iluminados con una brillante luz dorada, luego ora, o desea que te protejan mientras tú duermes tranquilamente.


Esto ayuda a mantener lejos a las criaturas negativas astrales. O, si aprendes a soñar lúcidamente, puede ser que te enfrentes a un monstruo durante una pesadilla, di le entonces que no tienes miedo y pregúntale qué quiere, lo que transformará al monstruo en algo impotente.


Aprender a soñar lúcidamente requiere práctica. Hay diferentes técnicas, y una  popular es tomar algo que ocasionalmente veas o hagas en tus sueños y que también veas o hagas mientras estás despierto, como un tipo de animal, un color, una persona, un lugar, o una acción. Entonces, siempre que veas o hagas esto mientras estés despierto, mira a tu alrededor y pregúntate si estás soñando. Haz una prueba como hacer sonar un interruptor de luz, recordando lo que hiciste durante la última hora, mirando al reloj o algunas palabras impresas, o contando tus dedos. Si estás soñando, entonces habrá algo raro en todo esto. 

 

Si sigues haciendo esto durante por lo menos una semana, entonces se convertirá en una costumbre que tú harás con toda naturalidad incluso en sueños, y esto te ayudará a darte cuenta de si estás soñando. Otro método consiste en observar las tenues formas de luz tras las pestañas cuando uno se va a dormir. Mientras se está relajado pero mentalmente despierto, se convertirán en imágenes vividas y luego en un sueño lúcido.


Los sueños también pueden enseñarte lecciones sobre tí mismo y el mundo. Suelen desarrollarse como documentales vividos que aportan aspectos concretos y significativos acerca de la imagen mayor de "todo esto".


Generalmente, los sueños te muestran la "cara" de cosas que de otra manera tú podrías no esperar. Al fijar los problemas que existen indicados por un sueño, o preparándote para manejar los que surjan, puedes hacer que tu vida se deslice más suavemente. En lugar de dar tumbos a ciegas, tienes pistas de lo que está pasando tras el escenario. Pero tendrás que separar los sueños significativos de los sin sentido, provenientes de cuando tu cerebro clasifica trozos de memoria, o de una criatura astral que trata de alimentarse. 

 

Sólo recordando los sueños, y haciendo lo mejor que puedas para explicártelos, aprenderás con el tiempo a filtrar las tonterías.

 








miércoles, 18 de mayo de 2022

CONQUISTA HUMANA DEL LAICISMO.

 









El humanismo nace en la Europa del siglo XIV en una propuesta antropocéntrica de la sociedad, donde el teocentrismo y el escolasticismo medieval que imperó en el medioevo, comienza a dar paso a una nueva mentalidad en la que la persona humana y su sentido racional comienzan a desplazar al viejo escolasticismo poco a poco, generando las bases para el racionalismo, apoyados en la cultura clásica griega que exaltaba los atributos de la persona humana como no lo había hecho el cristianismo medieval y la moral impuesta.  En estos términos, el humanismo comienza a abrirse paso en la mentalidad occidental y en el viejo continente, mientras que dicha figura humanista dueña de su propio destino, la encarnan en américa los primeros conquistadores.

 

Cabe mencionar que poco a poco, pero en una larga data comprendida entre los siglos XIV y XX, el humanismo secular comenzó a abrirse paso hasta que dicho concepto adquiere fuerza durante el siglo XX1.

 

Bunge caracteriza la cosmovisión del humanismo secular como cosmológica, aludiendo a la inexistencia de fenómenos sobrenaturales que no existen en la naturaleza de las cosas; antropológica, donde se alude a la igualdad entre las personas y a las personas como fin último de la sociedad; moral, estableciendo limites morales que aludan al bienestar de la persona y del colectivo; política en relación a la obtención de un estado secular para garantizar la libertad de las personas; y social enfatizando en la igualdad y la libertad social, caracterizando así el humanismo laico del Siglo XX, y reconceptualizando humanismo, secularismo y librepensamiento.

 

La laicidad del Estado y de sus instituciones es ante todo un principio de concordia de todos los seres humanos fundado sobre lo que los une, y no sobre lo que los separa. 

 

Este principio se realiza a través de los dispositivos jurídicos de la separación del Estado y las distintas instituciones religiosas, agnósticas o ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las diferentes opciones de conciencia particulares.

 

Puede definirse la laicidad como un régimen social de convivencia, cuyas instituciones políticas están legitimadas por la soberanía popular y no por elementos religiosos o convicciones particulares.

 

Si la laicidad designa el estado ideal de emancipación mutua de las instituciones religiosas y el Estado, el laicismo evoca el movimiento histórico de reivindicación de esta emancipación laica. La laicidad pretende un orden político al servicio de los ciudadanos, en su condición de tales y no de sus identidades étnicas, nacionales, religiosas,…

 

El término laicidad viene del vocablo griego laos, que designa al pueblo entendido como unidad indivisible, referencia última de todas las decisiones que se tomaban por el bien común. El laicismo recoge ese ideal universalista de organización de la ciudad y el dispositivo jurídico que se funda y se realiza sobre su base.

 

El laicismo como afirma Henri Peña-Ruiz: «Es la palabra para referirse al ideal de emancipación de la esfera pública con respecto a cualquier poder religioso o, en un sentido más amplio de toda tutela del Estado que, siendo democrático, ha de ser de todos y no sólo de algunos.»

 

La laicidad descansa en tres pilares: 

· La libertad de conciencia, lo que significa el derecho de cada persona de tener sus propias convicciones o creencias, sean religiosas o no.

· La igualdad de derechos, que impide todo privilegio público de la religión, del ateísmo o de cualquier otra convicción, atendiendo siempre al interés general.

· La universalidad de la acción pública, esto es, sin discriminación de ningún tipo.

 

Los principios del laicismo:

· Libertad de conciencia, la conciencia es naturalmente libre para adherirse a cualquier convicción o creencia; ya sea creyente, agnóstica o atea, o para no adherirse a ninguna o cambiar de opción cuando quiera (la apostasía es un derecho que ha de ser garantizado por el Estado).

· Separación del Estado y las confesiones religiosas, lo que implica la clara distinción entre el ámbito público y el privado, y la estricta separación entre la política y las religiones u otros particularismos.

· Igualdad de trato de todos los ciudadanos y ciudadanas, la neutralidad del Estado laico exige que ninguna opción particular (religiosa o no) sea discriminada ni positiva ni negativamente. No caben los privilegios públicos de una opción cualquiera en un Estado laico. Solo así se garantiza la igual consideración de todos los individuos como ciudadanos libres.

 

· La búsqueda del bien común como única razón de ser del Estado, los griegos llamaban “koinonía” al principio según el cual el ejercicio de la ciudadanía debía tener como único referente el bien común (koinon), poniendo entre paréntesis los intereses privados. El Estado laico tiene como referencia la universalidad del bien común. 

 

No es legítima la financiación pública de las creencias particulares, que debe destinarse única y exclusivamente a lo que es de interés general. El laicismo se compromete así con la defensa de los servicios públicos, es decir, la utilización del presupuesto público para aquellos servicios que son de interés general (educación, sanidad, etc.).

 

Lo que el laicismo no es:

· El laicismo no es antirreligioso, pues ello iría en contra del principio de la libertad de conciencia que anima el ideal laico. Tampoco es esencialmente anticlerical, si por ello se entiende una oposición frontal al ejercicio de las funciones del clero.

 

· Laicismo no es ateísmo o agnosticismo, el laicismo busca una forma de convivencia institucional, una organización política de la sociedad, mientras el ateismo o el agnosticismo son cosmovisiones en las que dios no se incluye.

 

· Religión no es lo mismo que clericalismo, el “clericalismo”, frente al cual lucha el movimiento laicista, es la ilegítima deriva política de la religión, es decir, la pretensión de dominación de una opción espiritual particular sobre la esfera pública. El laicismo no es anticlerical cuando el clero desempeña su papel dentro de los límites de su comunidad religiosa; pero se vuelve anticlerical, en virtud de sus principios, cuando el clero traspasa los límites de su comunidad religiosa e intenta imponer una cierta concepción de la ley (común) a partir de una cierta concepción de la fe (particular).

 

· Defender la libertad de conciencia y la tolerancia que de ella se deriva no es ser relativista, la neutralidad del Estado laico no implica la relatividad de los valores morales (relativismo), y mucho menos ausencia de valores (nihilismo). Precisamente, el laicismo asume la salvaguarda y la garantía de valores morales fuertes, pero no son valores particulares que provienen de una matriz particularista, sino valores universales, cuya raíz está en los derechos humanos (libertad de conciencia, autonomía moral, igualdad entre el hombre y la mujer, dignidad de las distintas orientaciones sexuales, libertad a la hora de decidir sobre la interrupción voluntaria del embarazo, etc.). Quienes desde sectores clericales se arrogan el papel de guardianes de la moral tienden a negar la validez universal de los valores morales que defiende el laicismo.

 

· La lucha por el laicismo es la lucha por la emancipación de las conciencias, pero esta lucha estará inacabada mientras una religión o convicción particular siga gozando de privilegios o prerrogativas ilegítimas en el ámbito público en general y de forma especial en el ámbito escolar. Por eso, el laicismo reclama la separación del Estado y de las Iglesias, del poder político y de las instituciones religiosas, así como la abolición de todo tutelaje de la conciencia humana, como condición de posibilidad para la emancipación del ser humano. De ahí su especial relación con la racionalidad y el libre pensamiento.

 

 

 





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