PANDEMIAS, MERCADOS Y OLVIDO
Una Crítica Científico-Filosófica al Acuerdo sobre Pandemias de la OMS
y la Paradoja de una Salud Global que Olvida a los Más Vulnerables
Dr. Harvey Rivadeneira Galiano
Médico e Investigador | Medicina Tradicional China
Filosofía Contemplativa Budista
Quito, Ecuador | Julio, 2025
PRÓLOGO
Hay momentos en la historia en que el médico está llamado no solo a curar enfermedades, sino a nombrar con valentía aquello que enferma a las sociedades enteras. Este artículo nace de uno de esos momentos. Después de más de cinco décadas dedicadas a la medicina, a la investigación y al estudio de las tradiciones contemplativas de Oriente y Occidente, he llegado a una convicción que no puedo silenciar: que el mayor peligro para la salud de la humanidad en el siglo XXI no es un virus desconocido ni una pandemia aún por llegar, sino la distorsión sistemática de las prioridades sanitarias globales en favor de intereses económicos que poco tienen que ver con el bienestar de los pueblos.
El texto de Josep Cónsola que motiva estas reflexiones es, en su esencia, un acto de honestidad intelectual: un esfuerzo por colocar ante el lector datos verificables sobre el contraste entre la arquitectura financiera de la salud global —dominada por intereses farmacéuticos, fondos de inversión y organismos de poder transnacional— y la cruda realidad de los millones de seres humanos que mueren cada año de tuberculosis, malaria y desnutrición, enfermedades todas ellas evitables, todas ellas antiguas, todas ellas ignoradas.
Escribo este artículo no como un acto de cinismo ni de nihilismo, sino como un acto de amor a la humanidad. En la tradición de hombre libre y de buenas costumbres a la que pertenezco, se nos enseña que la búsqueda de la Verdad es inseparable de la construcción de un mundo más justo. En la filosofía budista que guía mi contemplación, se nos recuerda que la compasión auténtica exige ver el sufrimiento tal como es, sin velos ni eufemismos. Y en la Medicina Tradicional China, que ha orientado mi práctica clínica, se nos dice que antes de tratar la enfermedad, hay que comprender el desequilibrio que la genera. El desequilibrio que estas páginas analizan es de naturaleza estructural, ética y civilizatoria.
Dr. Harvey Rivadeneira Galiano — Quito, julio de 2025
INTRODUCCIÓN
En mayo de 2025, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó un presupuesto bienal de 4.200 millones de dólares para el período 2026-2027, y ratificó el marco del denominado Acuerdo sobre Pandemias, un instrumento jurídicamente vinculante destinado a preparar al mundo frente a futuras amenazas pandémicas. Simultáneamente, el mercado mundial de vacunas proyecta crecer de 91.970 millones de dólares en 2025 a 161.400 millones en 2034, según estimaciones de Precedence Research.
Frente a estas cifras, que representan uno de los mayores flujos de capital de la historia reciente hacia el sector farmacéutico, los datos de salud pública global pintan un cuadro radicalmente diferente: en 2023, la tuberculosis volvió a convertirse en la principal causa de muerte por enfermedad infecciosa del mundo, con 8,2 millones de nuevos diagnósticos —el número más alto desde que la OMS comenzara su seguimiento en 1995—; la malaria mató a 619.000 personas en 2022; y más de 828 millones de seres humanos padecen hambre, con previsiones de que 582 millones sufrirán desnutrición crónica al finalizar la presente década.
La pregunta que este artículo plantea no es retórica ni partidista: ¿Estamos ante una gobernanza sanitaria global orientada por criterios de salud pública, o ante una arquitectura financiera e institucional que prioriza la rentabilidad de mercados específicos sobre la reducción de la mortalidad evitable? ¿Es el Acuerdo sobre Pandemias una respuesta proporcional y basada en evidencia a riesgos reales, o es, en palabras del vicepresidente del Grupo Parlamentario Multipartidista del Reino Unido, una precipitación peligrosa sustentada en datos erróneos?
El presente artículo aborda estas cuestiones desde tres perspectivas complementarias: la científica —analizando la calidad de la evidencia que sustenta las proyecciones de riesgo pandémico—; la filosófica —explorando los fundamentos éticos de una gobernanza sanitaria verdaderamente humana—; y la crítica constructiva —proponiendo principios de reorientación que, sin negar la importancia de la preparación ante epidemias, coloquen la dignidad de los más vulnerables en el centro de las decisiones globales de salud.
CONTENIDO
Ø La Arquitectura Financiera de la Salud Global: Un Mapa del Poder
Para comprender las tensiones que recorre el Acuerdo sobre Pandemias, es necesario examinar la estructura de financiamiento de la Organización Mundial de la Salud y las fuerzas que la configuran. La OMS opera con dos tipos de recursos: las contribuciones fijas de los estados miembros y las contribuciones voluntarias para fines específicos, cuyo destino es determinado por los donantes, no por la organización.
En el año 2024, el total de contribuciones voluntarias de fines específicos ascendió a 1.026 millones de dólares. De esa cifra, Gavi —la Alianza Global para las Vacunas e Inmunización— aportó 223,9 millones de dólares, destinados específicamente al financiamiento del complejo farmacéutico-vacunológico. En contraste, el Fondo Mundial contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria —las tres enfermedades infecciosas con mayor carga de mortalidad real en el mundo— recibió apenas 15,7 millones de dólares de la misma fuente en ese mismo año.
DATOS COMPARATIVOS DE FINANCIAMIENTO — OMS 2024 • Gavi (Alianza Global para Vacunas): USD 223.932.370 • Fondo Mundial contra SIDA, Tuberculosis y Malaria: USD 15.690.888 • Programa de reproducción humana (edición genética): USD 36.212.116 La diferencia es de 14:1 a favor de las vacunas sobre las enfermedades infecciosas crónicas. |
La distribución del presupuesto programático 2026-2027 revela una jerarquía de valores que merece reflexión. La categoría de 'Promover la salud' —que debería incluir alimentación, condiciones de vivienda, saneamiento, contaminación industrial y exposición a agroquímicos— es la partida más pequeña del presupuesto, con apenas 399,9 millones de dólares sobre un total de 4.200 millones. Los determinantes sociales de la salud, que la propia OMS reconoce como responsables del 80% de los resultados sanitarios de una población, reciben el menor financiamiento proporcional.
La Dra. Elisabeth Paul, experta en sistemas de salud mundial con décadas de experiencia en países en desarrollo, ha sintetizado con precisión este fenómeno: la OMS, en lugar de actuar como organismo normativo que ayuda a los países a mejorar sus sistemas de salud, se ha convertido en un organismo ejecutor de las prioridades de sus donantes. Esta subordinación de la agenda sanitaria pública a los intereses de los financiadores privados no es un fenómeno nuevo, pero su alcance en el contexto del Acuerdo sobre Pandemias adquiere dimensiones sin precedentes.
Ø El Acuerdo sobre Pandemias: ¿Evidencia o Especulación Financiera?
El fundamento científico del Acuerdo sobre Pandemias —y de las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional que lo acompañan— descansa sobre una premisa central: que la frecuencia y gravedad de las pandemias está aumentando exponencialmente y continuará haciéndolo en las próximas décadas, justificando así un gasto anual sin precedentes de entre 10.300 y 31.000 millones de dólares anuales adicionales en preparación.
El análisis del Instituto Brownstone sobre el riesgo pandémico (Pandemic Risk Policy Brief, 2024) revela que esta premisa descansa sobre evidencia notablemente débil. Las dos fuentes principales citadas por el Panel Independiente de Alto Nivel del G20 —que fundamenta la solicitud de 31.000 millones anuales— son: un análisis de la corporación privada Metabiota, y una tabla de brotes no citada para el período 2000-2020. Ninguna de estas fuentes proporciona el respaldo empírico que las afirmaciones del Panel reclaman.
2.1 El Caso Metabiota: Ciencia, Intereses y Opacidad
Metabiota es una corporación privada estadounidense especializada en modelado de riesgos epidémicos. Su afirmación de un aumento exponencial de brotes de gripe —de aproximadamente uno por año en 1995 a diez en 2020— no se correlaciona con ninguna trayectoria conocida de la gripe, y su metodología no es transparente. Sin embargo, su influencia sobre los documentos que justifican el Acuerdo sobre Pandemias ha sido significativa.
Lo que los documentos de política sanitaria internacional rara vez mencionan es que Metabiota fue cofundada con inversión de Google y que, según correos electrónicos documentados, Rosemont Seneca Technology Partners —firma de inversión cofundada por Hunter Biden— mantenía una participación accionaria de más del 13% en la empresa. Metabiota también recibió financiamiento del Departamento de Defensa de Estados Unidos para trabajo en laboratorios de Ucrania, lo que la ha situado en el centro de controversias geopolíticas significativas. La ausencia de conflicto de intereses declarado en los documentos de la OMS que citan sus proyecciones es, cuando menos, una deficiencia metodológica grave.
2.2 Lo Que la Evidencia Dice Realmente
El estudio de Marani y colaboradores (2021), publicado en una revista científica de referencia y citado por el Banco Mundial, llega a conclusiones que contradicen directamente la narrativa de urgencia exponencial: un evento de magnitud comparable a la gripe española de 1918 podría repetirse estadísticamente cada 292 u 877 años; un evento similar a la COVID-19, cada 129 años. El propio análisis que el Banco Mundial utilizó para justificar su solicitud de financiamiento rechaza la tesis del riesgo creciente y acelerado.
El estudio de Bernstein y colaboradores, ampliamente citado para afirmar que se pueden salvar 1,6 millones de vidas anuales con una inversión de 10.000 millones de dólares, basa sus estimaciones principalmente en la pandemia de gripe española de 1918-1919, período previo a la disponibilidad de antibióticos, en el que la mayoría de las muertes fueron causadas por sobreinfecciones bacterianas secundarias, no por el virus en sí. Proyectar el impacto de una pandemia pre-antibiótica sobre el mundo contemporáneo es una extrapolación metodológicamente cuestionable.
«Es mucho más probable morir de tuberculosis, malaria o diarrea si se padece malnutrición y se tienen deficiencias de micronutrientes. La nutrición solía ser una de las principales prioridades de la OMS, pero la financiación se ha reducido.» — Dr. David Bell, ex Jefe del Programa de Malaria y Enfermedades Febriles Agudas, FIND/Ginebra
Las palabras del Dr. Bell condensan una paradoja que ningún documento oficial de la OMS aborda con la honestidad que merece: mientras se proyectan decenas de miles de millones hacia amenazas hipotéticas, las enfermedades que matan a dos millones de personas cada año reciben una financiación decreciente. Esto no es simplemente una cuestión de prioridades técnicas; es una decisión moral con consecuencias letales.
Ø Las Enfermedades del Olvido: Tuberculosis, Malaria y Desnutrición
Mientras la arquitectura institucional de la salud global orienta sus mayores recursos hacia pandemias futuras de probabilidad estadísticamente baja, tres condiciones —perfectamente conocidas, médicamente tratables y socialmente prevenibles— concentran la mayor carga de mortalidad infecciosa y nutricional del planeta.
3.1 Tuberculosis: El Regreso de una Derrota Anunciada
En 2023, aproximadamente 8,2 millones de personas recibieron por primera vez un diagnóstico de tuberculosis —la cifra más elevada desde que la OMS inició su monitoreo sistemático en 1995—, y la tuberculosis volvió a posicionarse como la principal causa de muerte por enfermedad infecciosa del mundo, por encima de la COVID-19. Esto ocurre en un contexto en que la financiación mundial para la prevención y el tratamiento de la tuberculosis continuó disminuyendo en 2023.
La tuberculosis es una enfermedad de la pobreza en el sentido más literal: prospera donde hay hacinamiento, desnutrición, deficiencias de micronutrientes, exposición al humo de combustión de biomasa y acceso limitado a servicios de salud. Ninguna vacuna ni tecnología de respuesta rápida reemplaza las intervenciones sobre sus determinantes estructurales. El retroceso en la lucha contra la tuberculosis es, en sí mismo, un indicador del fracaso de un modelo sanitario que privilegia la innovación tecnológica frente a la justicia social.
3.2 Malaria: Cuando el Presupuesto no Llega
En 2022, la malaria causó 619.000 muertes a nivel mundial, cifra superior a las 568.000 registradas en 2019. La enfermedad afecta de manera desproporcionada a la infancia menor de cinco años en África subsahariana. Las herramientas para combatirla —mosquiteros impregnados, tratamientos combinados basados en artemisinina, control vectorial ambiental— son conocidas, accesibles y de bajo costo relativo. Lo que falta no es tecnología: es financiamiento sostenido y voluntad política.
3.3 Desnutrición: El Silencio de los Que no Tienen Voz
Cada año, un millón de niños mueren directamente por desnutrición severa. Otros 582 millones de personas sufrirán desnutrición crónica al final de la presente década, según el Programa Mundial de Alimentos. En 2022, 828 millones de seres humanos padecieron hambre —46 millones más que en 2020—. La Cuarta Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, celebrada en Sevilla en junio-julio de 2025, respondió a esta emergencia con compromisos sobre digitalización, inteligencia artificial y reducción de las comisiones de remesas. Pocas palabras sobre el derecho universal a la alimentación.
El Dr. Mohamed Lamine Dramé, experto de la OMS con décadas de trabajo en África, ilustra con una precisión brutal la lógica perversa de los indicadores sanitarios actuales: es posible alcanzar el objetivo de vacunar al 90% de los niños y que, mientras tanto, no existan servicios para tratar la malaria, la diarrea o las enfermedades respiratorias. Y esos niños morirán de malaria. Un análisis coste-beneficio que contabiliza diez veces al mismo niño —una por cada vacuna recibida— puede reportar eficiencia estadística mientras ese niño muere de hambre al día siguiente.
Ø Una Reflexión Filosófica: Ética, Poder y la Pregunta por la Vida
Desde la perspectiva de las tradiciones contemplativas que han guiado mi comprensión del ser humano —el budismo tibetano con su principio de compasión universal (karuna), la filosofía taoísta con su noción de equilibrio natural (wu wei), la Masonería con su imperativo de justicia y fraternidad—, el panorama que los datos revelan no es solo un problema técnico de asignación de recursos: es un problema moral de civilización.
La compasión auténtica, en la tradición budista de la que me nutro, no es un sentimiento difuso: es la capacidad de ver el sufrimiento tal como es, en sus causas reales, y de actuar en consecuencia. Ver 828 millones de personas con hambre y responder con más fondos para vacunas contra pandemias hipotéticas no es compasión; es su antítesis. Es la sustitución del dolor concreto de un ser concreto por una abstracción estadística que resulta financieramente más rentable.
En el pensamiento hermético que impregna la tradición masónica, existe un principio que podríamos enunciar así: la verdad de un sistema se revela no en sus declaraciones, sino en sus consecuencias. El sistema de gobernanza sanitaria global que el Acuerdo sobre Pandemias consolida tiene consecuencias medibles: desvía recursos de las enfermedades que más matan hacia las que más rinden; subordina la agenda de salud pública a las prioridades de donantes privados con intereses en el mercado farmacéutico; y erosiona la soberanía sanitaria de los estados miembros en favor de poderes de emergencia centralizados.
No se trata aquí de negar que las pandemias son una amenaza real para la humanidad —la COVID-19 lo demostró con cruda evidencia— ni de desconocer el valor de la preparación ante epidemias emergentes. Se trata de exigir proporcionalidad, transparencia y rigor en la asignación de recursos escasos; de insistir en que la preparación pandémica no puede construirse sobre el abandono de las enfermedades endémicas que matan a millones cada año; de reclamar que la evidencia científica —y no los intereses comerciales de corporaciones con participaciones cruzadas en organismos internacionales— sea la base de las decisiones de salud global.
«Cuando se compromete el criterio profesional, ya sea en lo que respecta a la seguridad del paciente o a la validez de la investigación, el impacto es de gran alcance y hemos visto sus terribles consecuencias una y otra vez.» — Dra. Margaret McCartney, médica clínica, Glasgow
Ø Propuestas Constructivas: Hacia una Gobernanza Sanitaria Humana
Una crítica responsable no puede limitarse a señalar lo que está mal: debe también articular lo que debería ser diferente. Desde mi perspectiva de médico, investigador y filósofo, propongo los siguientes principios como orientadores de una reforma de la gobernanza sanitaria global:
5.1 Primacía de la Evidencia Proporcional
Las decisiones de financiamiento sanitario global deben basarse en la carga real de mortalidad y morbilidad, no en proyecciones de riesgo elaboradas por corporaciones privadas con conflictos de interés no declarados. El análisis independiente y transparente de los datos epidemiológicos —incluyendo las limitaciones metodológicas de los modelos predictivos— debe ser prerrequisito de cualquier compromiso de gasto extraordinario.
5.2 Restauración del Mandato Original de la OMS
La OMS fue fundada sobre la premisa de que la salud es un derecho universal vinculado a condiciones de vida dignas: alimentación, vivienda, saneamiento, educación, trabajo. La paulatina subordinación de este mandato a las prioridades de donantes privados con intereses en mercados de vacunas y tecnologías médicas representa una desviación estructural que requiere reforma institucional. Las contribuciones voluntarias con destino predeterminado no deben superar un porcentaje máximo del presupuesto total de la organización.
5.3 Financiamiento Equitativo de las Enfermedades del Sur Global
Tuberculosis, malaria y desnutrición deben recibir un financiamiento proporcional a su carga de mortalidad real. La asimetría documentada —224 millones para vacunas frente a 16 millones para el Fondo Mundial contra las tres enfermedades infecciosas más letales— no es sostenible desde ningún criterio de salud pública honesto. Los estados miembros deben establecer proporciones mínimas garantizadas para estas prioridades en los presupuestos bienales de la OMS.
5.4 Transparencia y Gestión de Conflictos de Interés
Cualquier organismo, corporación o fundación privada que financie programas de la OMS o que participe en el desarrollo de los instrumentos jurídicos que la organización promueve debe declarar públicamente sus intereses comerciales en los sectores afectados. Los análisis de riesgo que sustentan decisiones de gasto extraordinario deben ser revisados por pares académicos independientes antes de ser incorporados a documentos de política.
5.5 Soberanía Sanitaria y Subsidiariedad
Los poderes de emergencia previstos en las enmiendas al Reglamento Sanitario Internacional deben ser revisados a la luz del principio de subsidiariedad: las decisiones de salud pública deben tomarse al nivel más próximo posible a las comunidades afectadas, con participación democrática y rendición de cuentas ante los ciudadanos, no ante organismos técnicos internacionales cuyas prioridades son moldeadas por sus financiadores.
El Acuerdo sobre Pandemias aprobado en la Asamblea de la OMS de mayo de 2025 no es, en sí mismo, un error: la preparación ante emergencias epidémicas es una función legítima y necesaria de la salud pública global. El error —o más exactamente, el peligro— reside en la desproporción: en la magnitud de los recursos comprometidos en relación con la debilidad de la evidencia que los sustenta; en la opacidad de los intereses que orientan las proyecciones de riesgo; en el silencio institucional ante enfermedades que matan a millones mientras el debate se centra en amenazas estadísticamente infrecuentes.
Los datos son inequívocos: la tuberculosis mató más que la COVID-19 en 2023; la malaria se lleva a más de medio millón de vidas cada año; un millón de niños mueren anualmente de desnutrición severa; 828 millones de personas pasan hambre. Frente a esta realidad, el presupuesto de la OMS destinado a promover la salud —a atacar sus determinantes sociales reales— es la partida más pequeña del ejercicio 2026-2027. Y el Fondo Mundial contra las enfermedades infecciosas más letales recibe catorce veces menos que la Alianza Global para las Vacunas.
Desde la perspectiva integrativa que orienta mi pensamiento —médica, filosófica y contemplativa—, lo que estos hechos revelan es un desequilibrio de naturaleza no solo financiera, sino ética. Una civilización que puede predecir con precisión los retornos de inversión del mercado de vacunas a una década vista, pero que es incapaz de garantizar la alimentación de 828 millones de personas, ha confundido la eficiencia con la justicia, el crecimiento con el progreso, la preparación con el cuidado.
La salud no es un mercado. Es un derecho. Y los derechos no se gestionan con lógica de retorno financiero: se garantizan con voluntad política, recursos proporcionales a la necesidad real, y una gobernanza que responda ante los más vulnerables, no ante los más poderosos.
Este artículo es, en última instancia, una invitación a la lucidez: a mirar los datos con honestidad, a nombrar los intereses con transparencia, y a exigir que la salud global sea, de verdad, global.
BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES
Las siguientes fuentes primarias y secundarias fundamentan el análisis presentado en este artículo:
1. Cónsola, J. (3 de agosto de 2025). Acuerdo sobre pandemias, beneficios sólo para las farmacéuticas. [Artículo de análisis]. Fuente original del presente trabajo.
2. Precedence Research (2025). Vaccines Market Size, Share, and Forecast 2025–2034. https://www.precedenceresearch.com/vaccines-market
3. Organización Mundial de la Salud (29 de octubre de 2024). Tuberculosis resurges as top infectious disease killer. Ginebra: OMS. https://www.who.int/es/news/item/29-10-2024-tuberculosis-resurges-as-top-infectious-disease-killer
4. OMS (2022). World Malaria Report 2022: Questions and Answers. Ginebra: OMS. https://www.who.int/es/teams/global-malaria-programme/reports/world-malaria-report-2022/questions-and-answers
5. OMS (20 de mayo de 2025). In historic move, WHO member states approve 20% funding increase and 2026-27 budget. Comunicado de prensa. https://www.who.int/es/news/item/20-05-2025
6. OMS (2024). Informe de contribuciones por donante 2024. Documentos de la 78ª Asamblea Mundial de la Salud. https://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/WHA78/A78_INF3-sp.pdf
7. Instituto Brownstone (2024). Pandemic Risk Policy Brief. Análisis independiente sobre evidencia de riesgo pandémico. https://brownstone.org/wp-content/uploads/2024/02/Pandemic-Risk-Policy-Brief-digital.pdf
8. Marani, M., et al. (2021). Intensity and frequency of extreme novel epidemics. Proceedings of the National Academy of Sciences. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34426498/
9. Bernstein, A. S., et al. (2022). The costs and benefits of primary prevention of zoonotic pandemics. Science Advances. https://www.science.org/doi/full/10.1126/sciadv.abl4183
10. FAO, FIDA, OMS, PMA y UNICEF (2022). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2022. Roma: FAO. https://openknowledge.fao.org/items/4ce36548-c11a-4df9-ab7e-66065a8c12ad
11. Programa Mundial de Alimentos (2024). Global Report on Food Crises 2024. Roma: PMA. https://docs.wfp.org/api/documents/WFP-0000160501/download/
12. Naciones Unidas (2025). Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, Sevilla, 30 junio – 3 julio 2025. Documento final: A/CONF.227/2025/L.1. https://docs.un.org/es/A/CONF.227/2025/L.1
13. CEPI – Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (2017–2025). Información institucional y convocatorias de financiamiento. https://static.cepi.net/downloads/2024-03/Innovations-to-Prepare-for-Future-Epidemics-and-Pandemics_FA1_CfP-Oct2023-ES_0.pdf
14. Paul, E. (s.f.). Perfil académico e investigadora sobre sistemas de salud global. Université Libre de Bruxelles. https://www.be-causehealth.be/en/event-bio/elisabeth-paul/
15. The Epoch Times (2025). Detrás de la salida de EE.UU. de la OMS: la batalla por el rumbo de la salud pública mundial. https://www.elepoch.com/notas/detras-salida-ee-uu-oms-batalla-rumbo-salud-publica-mundial-22078
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