miércoles, 9 de septiembre de 2026

LA VEJEZ NO ES UNA ENFERMEDAD

 

                                                            

















LA VEJEZ NO ES UNA ENFERMEDAD

 

Nos sancionaron por viejo o vieja y no lastimaron nuestra ancianidad. Una mirada médica, filosófica y espiritual sobre la dignidad de envejecer


Dr. Harvey Rivadeneira Galiano
Doctor en Medicina y Cirugía
Especialista en Acupuntura
Maestro en Filosofía Tao

PRÓLOGO

Hablar de la vejez es hablar de la condición humana. No se trata solamente de un proceso biológico, sino de una experiencia que involucra memoria, identidad, vínculos, propósito y sentido. En una época que exalta la juventud y la productividad, recordar que la vejez no es una enfermedad constituye también un acto de defensa de la dignidad humana.

Este artículo nace de una reflexión personal y profesional acumulada a lo largo de una vida dedicada a la medicina, al estudio, a la filosofía y a la búsqueda del equilibrio del ser humano. Desde esa perspectiva, el envejecimiento puede comprenderse no como una derrota frente al tiempo, sino como una transformación que merece ser acompañada con conocimiento, autonomía, respeto y espiritualidad.

La sociedad contemporánea dispone de grandes avances médicos para prolongar la vida. El desafío siguiente es aprender a dignificar esa vida prolongada. La longevidad, por sí sola, no basta: necesitamos una cultura capaz de reconocer el valor de la experiencia y de permitir que cada persona mayor continúe siendo sujeto de decisiones, afectos, proyectos y contribuciones.

INTRODUCCIÓN PERSONAL: UNA VIDA FRENTE AL ESPEJO DEL TIEMPO:  He dedicado buena parte de mi existencia a comprender al ser humano desde diferentes dimensiones. Mi formación como médico y cirujano me enseñó a observar el cuerpo; la acupuntura me acercó a una concepción dinámica del equilibrio; la filosofía Tao me llevó a contemplar los ciclos de la naturaleza; y la práctica espiritual me enseñó que la vida no puede reducirse a sus manifestaciones físicas.


Después de más de ocho décadas de vida, hablar de la vejez deja de ser un ejercicio puramente académico. Se convierte en una reflexión desde la propia experiencia. El cuerpo cambia, el tiempo deja huellas y determinadas capacidades pueden modificarse. Pero también se acumulan memoria, discernimiento, afectos, aprendizajes y una comprensión diferente de lo esencial.

Por ello, considero necesario afirmar con claridad: envejecer no es enfermar. La enfermedad puede aparecer durante la vejez, como puede aparecer en otras etapas de la vida; pero la edad cronológica no constituye por sí misma un diagnóstico. Confundir ambas realidades favorece el edadismo, el paternalismo y la pérdida innecesaria de autonomía.

LA VEJEZ NO ES UNA ENFERMEDAD:  La Organización Mundial de la Salud distingue el envejecimiento de la enfermedad y plantea que la salud en la vejez debe entenderse desde la capacidad funcional y el bienestar, no únicamente desde la ausencia de diagnósticos. Envejecer implica cambios biológicos acumulativos, pero existe una enorme diversidad entre las personas mayores.


Una arruga no es una enfermedad. Una cana no es una enfermedad. Caminar más lentamente no es necesariamente una enfermedad. Tener que adaptar determinadas actividades tampoco elimina la dignidad ni el valor de la persona.

La medicina tiene la responsabilidad de prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades; pero debe evitar convertir la edad en una patología. El objetivo no debería ser luchar contra el hecho de envejecer, sino acompañar a las personas para que puedan conservar, durante el mayor tiempo posible, su autonomía, participación, bienestar y sentido de vida.

ENVEJECIMIENTO NATURAL Y ENFERMEDAD: UNA DISTINCIÓN NECESARIA: El envejecimiento puede acompañarse de disminución de masa muscular, cambios sensoriales, modificaciones metabólicas y reducción de determinadas reservas fisiológicas. Sin embargo, estos cambios no equivalen automáticamente a enfermedad.


La enfermedad requiere valoración clínica. El síntoma debe ser escuchado, estudiado y tratado cuando corresponda. Decir “eso es normal por la edad” puede ser tan perjudicial como medicalizar innecesariamente un cambio propio del envejecimiento. El profesional de salud debe distinguir entre lo esperable, lo prevenible y lo patológico.

Por ello, una medicina verdaderamente humana no pregunta únicamente “¿qué enfermedad tiene esta persona?”, sino también “¿qué puede hacer?, ¿qué desea conservar?, ¿qué necesita para seguir participando en su vida?”.

EL EDADISMO: CUANDO LA EDAD SE CONVIERTE EN PREJUICIO:  El edadismo aparece cuando una persona es juzgada, limitada o discriminada principalmente por su edad. Puede manifestarse de manera evidente, pero también mediante expresiones aparentemente protectoras: “usted ya está viejo”, “yo lo hago por usted”, “eso ya no es para su edad”.


La protección sin escucha puede convertirse en paternalismo. Ayudar no significa sustituir. Cuidar no significa decidir por el otro. Una sociedad madura debe aprender a ofrecer apoyo proporcional a las necesidades reales, preservando la autonomía tanto como sea posible.

La dignidad no disminuye con los años. Lo que debe cambiar es la forma en que la sociedad organiza sus espacios, servicios y relaciones para permitir una participación significativa de las personas mayores.

EL VALOR DE LOS AÑOS: EXPERIENCIA, MEMORIA Y TRANSMISIÓN:  La juventud aporta energía y apertura al futuro. La vejez puede aportar memoria, perspectiva histórica y experiencia. Ninguna etapa necesita ser presentada como superior a la otra.


El problema aparece cuando una sociedad mide el valor humano casi exclusivamente por productividad, velocidad o rendimiento económico. Bajo ese criterio, cualquier persona que reduzca su capacidad productiva podría ser considerada menos valiosa. Es una concepción profundamente limitada de la dignidad.

Una persona mayor puede enseñar, investigar, crear, cuidar, aconsejar, escribir, cultivar, acompañar, participar en la comunidad y transmitir valores. Incluso cuando determinadas capacidades disminuyen, la persona conserva una historia que no puede ser reemplazada por ninguna tecnología.

NO QUEREMOS LÁSTIMA: QUEREMOS RESPETO:  Las personas mayores no deben ser reducidas a objetos de compasión. Necesitan reconocimiento, oportunidades y respeto. La dependencia en alguna actividad concreta no equivale a dependencia absoluta. El acompañamiento adecuado consiste en identificar qué puede hacer la persona por sí misma y proporcionar apoyo únicamente donde sea necesario.


En este punto, la dignidad se vuelve práctica: escuchar antes de decidir; preguntar antes de intervenir; respetar preferencias; facilitar la movilidad; favorecer relaciones sociales; proteger frente al abuso y permitir que la persona continúe tomando decisiones sobre su vida.

LA PARADOJA DE LA LONGEVIDAD:  Vivimos una contradicción cultural: deseamos vivir muchos años, pero rechazamos todo aquello que nos recuerda que estamos envejeciendo. La industria de la juventud ha convertido el paso del tiempo en algo que debe ocultarse. Sin embargo, no podemos pedirle al tiempo que nos regale años y exigirle simultáneamente que no deje huellas. Las huellas son parte de la biografía.


Aceptar la vejez no significa abandonar el cuidado personal. Significa sustituir la obsesión por parecer joven por una aspiración más profunda: estar lo mejor posible dentro de la etapa vital que estamos viviendo.

UNA MIRADA MÉDICA: CURAR CUANDO HAY ENFERMEDAD, CUIDAR SIEMPRE:  Una medicina orientada a la persona debe reconocer que la edad modifica riesgos y necesidades, pero no define por sí sola el estado de salud. La valoración integral debe considerar función física, cognición, estado emocional, nutrición, relaciones sociales, entorno, medicamentos y objetivos personales.


El concepto contemporáneo de envejecimiento saludable pone énfasis en la capacidad funcional: aquello que permite a una persona ser y hacer lo que considera importante. Esta visión desplaza el centro desde la enfermedad hacia la vida de la persona.

La medicina geriátrica y la atención primaria tienen aquí un papel fundamental: prevenir fragilidad y discapacidad cuando sea posible, tratar enfermedades de manera proporcional, revisar tratamientos, promover actividad física segura, nutrición adecuada, vacunación, salud mental, participación social y prevención de caídas, sin olvidar que cada decisión debe individualizarse.

LA VEJEZ DESDE LA FILOSOFÍA TAO:  Desde una mirada taoísta, la existencia se comprende como transformación. La naturaleza no permanece inmóvil: nace, crece, madura, declina y vuelve a transformarse. El ser humano participa de ese mismo proceso.


El Dao no exige que el otoño imite a la primavera. Cada estación posee su propia naturaleza. De manera semejante, la vejez no necesita copiar a la juventud para tener valor. Aceptar el cambio no significa pasividad. Significa comprender el ritmo de la vida y actuar en armonía con él. La sabiduría consiste, en parte, en reconocer qué debe ser transformado y qué debe ser aceptado.

Desde esta perspectiva, la vejez puede convertirse en una etapa de simplificación: menos necesidad de demostrar, más capacidad de contemplar; menos acumulación, más discernimiento; menos ruido, más profundidad.

DIMENSIÓN ZEN Y ESPIRITUAL: HABITAR EL PRESENTE: 

La espiritualidad puede ofrecer a la vejez un horizonte que no depende exclusivamente del rendimiento corporal. La práctica contemplativa enseña a observar el cambio sin convertir cada cambio en una amenaza.

En la tradición Zen, la impermanencia no es solamente una idea: es una realidad que puede contemplarse directamente. Todo cambia. El cuerpo cambia, las circunstancias cambian, las relaciones cambian. La sabiduría no consiste en negar esa realidad, sino en aprender a habitarla con lucidez.

La vejez puede entonces ser una oportunidad para profundizar en preguntas esenciales: ¿qué permanece cuando cambian las capacidades?, ¿qué significa vivir bien?, ¿qué legado deseo dejar?, ¿qué puedo agradecer?, ¿qué puedo reconciliar? La respuesta espiritual no elimina las dificultades físicas o emocionales, pero puede transformar la relación con ellas.

LA VERDADERA ENFERMEDAD: UNA SOCIEDAD QUE DESPRECIA AL QUE ENVEJECE:  Si queremos utilizar la palabra “enfermedad” en sentido metafórico, la verdadera enfermedad social sería considerar inútil a quien deja de producir al ritmo de la juventud.


También sería enfermedad cultural abandonar a los padres cuando envejecen, aislar a los mayores, infantilizarlos o hacerles sentir que su vida ya no tiene propósito. Una sociedad puede medirse por la manera en que trata a quienes tienen menos poder, menor velocidad o mayor necesidad de apoyo. El respeto a las personas mayores no es una concesión: es una expresión de civilización.

UNA ÉTICA DE LA LONGEVIDAD: 

Una cultura de longevidad digna debería sostener al menos cinco principios: autonomía, respeto, participación, cuidado y propósito. Autonomía para decidir lo posible sobre la propia vida. Respeto para no convertir la edad en motivo de desprecio. Participación para continuar formando parte de la comunidad. Cuidado para responder a las necesidades reales sin anular capacidades. Y propósito, porque vivir más años adquiere sentido cuando todavía existen vínculos, responsabilidades, curiosidad, aprendizaje o servicio.

La pregunta social ya no debería ser solamente cuánto hemos conseguido prolongar la vida, sino qué calidad humana ofrecemos a esos años adicionales.

LLAMADO A LAS NUEVAS GENERACIONES: A quienes todavía son jóvenes les digo: no desprecien la vejez. Si la vida les concede tiempo, ustedes también recorrerán ese camino. Aprendan a escuchar a quienes han vivido antes. No porque todo lo antiguo sea necesariamente correcto, sino porque la experiencia humana constituye una memoria que no debería perderse.


Y a quienes ya somos mayores les digo: no pidamos permiso para seguir viviendo. Mientras exista conciencia, curiosidad, amor y capacidad de aportar, todavía hay espacio para crear, aprender y servir. No somos únicamente el pasado. Somos memoria viva del camino recorrido y, mientras estemos presentes, también formamos parte del presente.

CONCLUSIONES

La vejez no es una enfermedad. Es una etapa de la vida caracterizada por transformación, diversidad y nuevas necesidades. Las enfermedades deben ser prevenidas y tratadas; el envejecimiento, en cambio, debe ser comprendido, acompañado y respetado.

El desafío contemporáneo consiste en pasar de una cultura que combate la edad a una cultura que dignifica la longevidad. Esto exige educación, sistemas de salud centrados en la persona, ciudades accesibles, redes familiares y comunitarias, protección frente al edadismo y, sobre todo, un cambio de mirada.

Envejecer no es perder la vida. Envejecer significa haber tenido la oportunidad de vivirla. Las huellas del tiempo son parte de nuestra biografía.

Mientras exista vida, existe dignidad.
Mientras exista conciencia, existe aprendizaje.
Mientras exista amor, existe juventud del espíritu.

Por eso, la pregunta no debería ser cómo evitar envejecer, sino cómo lograr que cada año de vida sea digno de ser vivido.

EL DERECHO A SEGUIR SIENDO:  La sociedad debe comprender que la longevidad es uno de los grandes logros de la humanidad, pero también uno de sus mayores desafíos éticos. No basta con agregar años a la vida; debemos agregar vida, significado, autonomía y dignidad a esos años.


Que nadie sea reducido a su edad.
Que nadie sea definido por sus limitaciones.
Que nadie sea apartado simplemente porque ha envejecido.

El tiempo no nos quita humanidad. Nos revela.  Y quizá la grandeza de una vida larga no consista en haber permanecido jóvenes, sino en haber aprendido a atravesar todas las estaciones de la existencia sin renunciar a la dignidad, a la curiosidad, al amor ni a la esperanza.

BIBLIOGRAFÍA — FORMATO APA 7.ª EDICIÓN


Beard, J. R., Officer, A., de Carvalho, I. A., Sadana, R., Pot, A. M., Michel, J.-P., Lloyd-Sherlock, P., Epping-Jordan, J. E., Peeters, G. M. E. E., Mahanani, W. R., Thiyagarajan, J. A., & Chatterji, S. (2016). The World report on ageing and health: A policy framework for healthy ageing. The Lancet, 387(10033), 2145–2154.

Rowe, J. W., & Kahn, R. L. (1997). Successful aging. The Gerontologist, 37(4), 433–440.

United Nations. (2023). World social report 2023: Leaving no one behind in an ageing world. United Nations Department of Economic and Social Affairs.

World Health Organization. (2021). Decade of healthy ageing: Baseline report. World Health Organization.

World Health Organization. (2021). Global report on ageism. World Health Organization.

World Health Organization. (2024). Ageing and health. World Health Organization.

World Health Organization. (2015). World report on ageing and health. World Health Organization.

Baltes, P. B., & Baltes, M. M. (Eds.). (1990). Successful aging: Perspectives from the behavioral sciences. Cambridge University Press.

Frankl, V. E. (2006). Man’s search for meaning. Beacon Press. (Original work published 1946).

Lao Tzu. (2006). Tao Te Ching (J. Legge, Trans.). Dover Publications. (Original work traditionally attributed to Laozi).


© Dr. Harvey Rivadeneira Galiano
Artículo de reflexión para publicación nacional e internacional










domingo, 6 de septiembre de 2026

DIGNIDAD, IGUALDAD Y TRANFORMACIÓN

 



 

 

 

 










Mis hijos: Kandisse, Harvey Ricardo, Fernando, Harvey Armando,
Dunia del Carmen, Julissa Eugenia


 

Dignidad, igualdad y transformación



Una reflexión filosófica, científica y espiritual sobre la libertad de las mujeres y la responsabilidad colectiva


Artículo original para conferencia

HARVEY RIVADENEIRA GALIANO

Agosto de 2026

 

Resumen

Este artículo propone una lectura contemporánea de la emancipación de las mujeres como una tarea ética, política y espiritual de toda la sociedad. Parte de una certeza: la desigualdad y la violencia de género no son asuntos privados ni inevitables, sino expresiones de relaciones de poder que pueden transformarse. Desde la filosofía de la dignidad y el reconocimiento, la evidencia sobre violencia y participación pública, y una espiritualidad entendida como búsqueda de sentido, vínculo y cuidado, se sostiene que la libertad no consiste en adaptarse a la exclusión, sino en participar plenamente en la construcción de la vida común. La conferencia defiende una espiritualidad no dogmática e inclusiva, compatible con los derechos humanos y con la diversidad de creencias, como fuente de esperanza activa y compromiso social.

Palabras clave: igualdad de género, dignidad, violencia contra las mujeres, espiritualidad, cuidado, participación.

Prólogo

Escribo este texto con respeto por las mujeres que han sostenido la vida, el trabajo, la memoria y la esperanza, aun cuando su aporte haya sido minimizado o silenciado. También lo escribo desde una responsabilidad personal: no basta con admirar la fortaleza de quienes enfrentan la desigualdad; debemos cuestionar las condiciones que la producen y comprometernos a cambiarlas.

El documento de Manel Blanco que inspira esta ponencia expresa una intuición poderosa: el mundo se empobrece cuando las mujeres son relegadas y se enriquece cuando su voz, creatividad y autonomía encuentran espacio. Retomo esa intuición desde un lenguaje más actual y cuidadoso. No porque mujeres y hombres posean esencias fijas, sino porque toda persona merece libertad, seguridad, reconocimiento y oportunidad de desplegar su proyecto de vida.

Introducción: la igualdad como medida de humanidad.-  Durante siglos, las instituciones y los relatos culturales relegaron a muchas mujeres a posiciones subordinadas. El progreso jurídico y social ha sido real, pero está lejos de ser suficiente. La desigualdad salarial, la sobrecarga de cuidados, la exclusión de los espacios de decisión y las distintas formas de violencia continúan restringiendo vidas concretas. La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida (WHO, 2021). Detrás de esa cifra existen cuerpos, historias y derechos vulnerados.

Por eso, hablar de igualdad no es hablar de una concesión amable. Es hablar del derecho a existir sin miedo, a decidir sobre el propio cuerpo y proyecto, a recibir una remuneración justa, a participar en lo público y a ser escuchada con credibilidad. Una sociedad que normaliza la subordinación de las mujeres deteriora su propio horizonte democrático.

Profundidad filosófica: dignidad, reconocimiento y libertad situada

Ø La dignidad no se otorga: se reconoce

La dignidad humana no depende de la utilidad, del estado civil, de la maternidad, de la edad ni de la aprobación ajena. Es un valor inherente que obliga a tratar a cada persona como fin en sí misma. Desde esta perspectiva, las prácticas que reducen a las mujeres a objetos, roles o estereotipos no son solo ofensivas: son injustas, porque niegan su condición de sujetos de derecho y de pensamiento.

Ø La libertad necesita condiciones reales

La libertad no se agota en una declaración. Una mujer no es plenamente libre si teme regresar a casa, si depende económicamente de quien la agrede, si carece de cuidados para su familia o si su voz es castigada en el espacio público. La filósofa Martha Nussbaum (2011) recuerda que una vida digna requiere capacidades efectivas: salud, integridad corporal, educación, vínculos, participación política y control sobre el propio entorno. La igualdad se vuelve real cuando esas capacidades pueden ejercerse.

Ø Del “yo” al “nosotros” responsable

La autonomía no implica soledad. Somos personas relacionales: necesitamos redes, instituciones justas y comunidades que sepan cuidar. La ética del cuidado invita a valorar la interdependencia sin convertirla en destino exclusivo de las mujeres. Cuidar es una responsabilidad humana y social; distribuirlo de modo equitativo libera tiempo, energía y posibilidades para todos.

Fundamento científico: la desigualdad tiene consecuencias medibles.-  La evidencia muestra que la violencia contra las mujeres afecta la salud física, mental, sexual y reproductiva, además de limitar la participación económica y social. La OMS (2021) la identifica como un grave problema de salud pública y una violación de derechos humanos. El abordaje eficaz no depende solo de la respuesta posterior a la violencia: requiere prevención, educación, servicios accesibles, justicia diligente y transformación de normas que toleran la dominación.

La participación en el poder también permanece desigual. El mapa Women in Politics 2025 de la Unión Interparlamentaria y ONU Mujeres documenta que la presencia femenina en los espacios de liderazgo avanza de forma lenta y desigual. La representación no es un símbolo vacío: mejora la posibilidad de que las políticas contemplen experiencias y necesidades históricamente invisibilizadas.

 

Ámbito

Acción transformadora

Prevención de la violencia

Educación afectivo-sexual basada en derechos, protocolos de respuesta, atención integral y justicia sin revictimización.

Autonomía económica

Igualdad salarial, empleo digno, corresponsabilidad en cuidados y protección social.

Participación pública

Paridad, prevención de la violencia política y digital, y apoyo a liderazgos diversos.

Cultura y comunidad

Lenguaje respetuoso, redes de apoyo, memoria histórica y revisión crítica de los estereotipos.

Nota. Síntesis basada en WHO (2021), ONU Mujeres (2025) y Nussbaum (2011).

Dimensión espiritual: sentido, vínculo y esperanza activa.-  La espiritualidad, entendida de manera abierta, no es evasión de la realidad ni reemplazo de la justicia. Es una forma de preguntarse por el sentido de nuestra convivencia, por el valor de cada vida y por la calidad de nuestros vínculos. Puede expresarse en una tradición religiosa, en la contemplación, en el arte, en el servicio o en la defensa de la dignidad humana. Su criterio ético es sencillo: debe ampliar la libertad y el cuidado, nunca justificar la subordinación.

En este marco, las lágrimas, la indignación y el deseo de crear pueden ser lenguajes del alma. Pero no corresponden por naturaleza a un solo género. Toda persona puede aprender a sentir sin vergüenza, a cuidar sin perder autonomía y a ejercer poder sin dominar. La espiritualidad transformadora convierte la compasión en práctica: escuchar a quien denuncia, creer a quien pide ayuda, reparar el daño y sostener procesos colectivos de cambio.

La esperanza, por tanto, no es pasividad. Es la decisión de actuar aun cuando los resultados no sean inmediatos. Pargament (2013) muestra que las creencias y prácticas espirituales pueden favorecer el afrontamiento cuando se orientan hacia el sentido, la conexión y la responsabilidad, no hacia la culpa o la resignación. Una espiritualidad liberadora fortalece la agencia: invita a decir “mi vida importa” y “tu vida importa”. 

Hacia una cultura de alianza y corresponsabilidad.-  La transformación requiere el protagonismo libre de las mujeres, sus organizaciones, sus saberes y sus decisiones. Requiere también que los hombres examinen críticamente los privilegios y mandatos que los benefician o los dañan, y se conviertan en aliados responsables. Ser aliado no es dirigir el movimiento ni buscar reconocimiento; es escuchar, compartir poder, intervenir ante la violencia y asumir la corresponsabilidad cotidiana.

La alianza auténtica respeta la diversidad. No existe una única experiencia de ser mujer: se entrecruzan edad, origen étnico, discapacidad, situación económica, territorio, orientación sexual, identidad de género y creencias. Un proyecto de igualdad debe atender estas diferencias sin fragmentar la dignidad común. La unidad más fértil no es la uniformidad; es la cooperación entre personas distintas que se reconocen mutuamente.

Conclusión: transformar el mundo empieza en las relaciones.-  El mensaje final de esta conferencia es una invitación a unir lucidez y esperanza. La desigualdad de género no es un destino ni una herencia que debamos aceptar. Es una construcción histórica que puede ser modificada por leyes, instituciones, educación, cultura y decisiones personales. La libertad de las mujeres no reduce la libertad de los hombres: amplía la humanidad de todos.

Una sociedad espiritualmente madura no glorifica el sufrimiento ni pide paciencia infinita a quienes han sido excluidas. Reconoce el daño, protege la vida, distribuye el cuidado y abre espacios para la voz y el liderazgo. Allí donde una mujer puede vivir sin miedo, crear, decidir y participar plenamente, la comunidad entera se vuelve más justa. Que nuestras acciones cotidianas estén a la altura de esa verdad.

Bibliografía actualizada

Blanco, M. (2014, 17 de julio). Texto sobre la transformación, el empoderamiento y la energía femenina. ManelBlanco. Traducción de Adela Kaufmann. Documento fuente 

Nussbaum, M. C. (2011). Creating capabilities: The human development approach. Harvard University Press.

ONU Mujeres & Unión Interparlamentaria. (2025). Women in politics: 2025. https://knowledge.unwomen.org/en/digital-library/publications/2025/03/women-in-politics-map-2025

Pargament, K. I. (2013). APA handbook of psychology, religion, and spirituality (Vols. 1-2). American Psychological Association.

Pillay, M. (2023). Feminist spiritualities, gender equality, and sustainable development: The possibilities of a countermovement. Acta Theologica, 43(1), 1-20. https://doi.org/10.18820/23099089/actat.v43i1.8

World Health Organization. (2021). Violence against women prevalence estimates, 2018. https://www.who.int/publications/i/item/9789240022256

World Health Organization. (2021, 9 de marzo). Devastatingly pervasive: 1 in 3 women globally experience violence. https://www.who.int/news/item/09-03-2021-devastatingly-pervasive-1-in-3-women-globally-experience-violence














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