domingo, 9 de agosto de 2020

SER AMABLE CON UNO MISMO

 




 

La autocompasión significa aceptarte como la persona imperfecta que eres. Implica ser más amable contigo y, en consecuencia, ser más bondadoso y compasivo con los demás.

 

La autocompasión significa aceptarte como la persona imperfecta que eres. Cuando aceptas la idea de que nunca serás perfecto, puedes reconocer que los errores son una parte importante en tu camino por la vida, y que contribuyen a ser quién eres. Ser más amable contigo mismo también aumenta tu resistencia y te hace más amable y compasivo hacia los demás.

 

El cerebro adulto promedio crea aproximadamente 70,000 pensamientos cada día. Si pudieras prestarle atención a todos, ¿qué dirían? Lo más probable es que tu cerebro no te diga lo fantástico que te ves con esos jeans, lo brillante que fue tu presentación o el increíble padre que eres; tu cerebro no está diseñado de esa forma. El cerebro está diseñado para buscar amenazas, salvarte del peligro, y protegerte. Como resultado, su cerebro se enfoca en lo negativo:

 

Busca lo que está mal en vez de lo que está bien.

Se aferra a los acontecimientos y sentimientos negativos más que a los positivos.

Te dice que si fueras solo esto o aquello, si pudieras esforzarte un poco más, entonces las cosas serían mejores.

¿Cómo puedes contrarrestar esta tendencia natural hacia lo negativo? Una respuesta es la auto-compasión. Esto lleva intención y esfuerzo. Prueba estos tres conceptos clave identificados por la investigadora en autocompasión Kristin D. Neff, Ph.D.:

 

Sé amable ante tu propio sufrimiento. Ser amable con uno mismo es especialmente importante cuando uno está sufriendo, se siente inadecuado o está decepcionado consigo mismo. Algunas personas creen que la autocomunicación negativa, como decirse a sí mismo "eres un perdedor", de alguna manera los motivará a hacerlo mejor la próxima vez. De hecho, hace exactamente lo opuesto. Hablar contigo mismo de una manera positiva durante los tiempos difíciles puede hacerte más resistente y más capaz de abordar nuevas metas en lugar de regodearte en tus fracasos.

 

Reconoce tu humanidad. Reconoce y acepta que todos sufren; esto forma parte de la experiencia compartida de la vida y del ser humano. Cuando entiendes esto, tienes menos tendencia a sentir que eres el único que se enfrenta a dificultades. Adoptar este punto de vista te ayudará a reconocer que no estás solo cuando se trata de sufrir. Esto te abrirá a mostrar compasión hacia los demás.

 

Practica la conciencia plena. Ten en cuenta tu propio sufrimiento. En el mundo actual, es fácil ser un maestro de la distracción, usando la televisión, la música, los teléfonos celulares, el alcohol o las drogas para calmar cualquier sufrimiento interno. Pero el sufrimiento no desaparece cuando le pones una máscara o lo escondes más allá de tu consciencia. Estar atento y reconocer tus luchas, sin juzgar, te permite encontrar compasión para ti mismo.

 

Si no sabes cómo poner en práctica la autocompasión, intenta una meditación de bondad amorosa. Aquí hay una que puedes hacer solo o con un compañero. Reserva de cinco a 10 minutos cada día para practicar. 

 

Comienza por elegir una afirmación verbal que sea significativa para ti. A continuación se describen algunos ejemplos:

 

Que sea feliz.

Que sea sano.

Que sea bueno conmigo mismo.

Que pueda experimentar el amor y la alegría.

Que pueda vivir la vida al máximo.

Que me acepte, tal como soy.

Que pueda sentir paz y alegría.

 

A continuación, siéntate en una silla con los pies completamente apoyados en el piso. Extiende la columna vertebral hacia el techo, luego relaja los hombros. Coloca las manos en una posición cómoda que se sienta de apoyo. Respira profundamente un par de veces. Con plena intención, repite la afirmación que hayas elegido.

 

A medida que continúes practicando, puedes extender estos buenos deseos a los demás. Puede sentirse incómodo o incluso tonto al principio, pero permítete explorar la idea.

 

Dedica tiempo esta semana a reflexionar sobre el concepto de autocompasión. Ya sea que se trate de un nuevo concepto para ti o algo que practicas activamente, es probable que haya un margen de mejora. ¿Qué desafíos tienes? ¿En qué momentos de tu vida ha sido particularmente difícil ser amable contigo mismo? ¿Cómo puedes prepararte para ser más autocompasivo en el futuro?

 






UNA FORMA DE CONCEBIR LA VIDA






 

La antigua China ofrece al estudioso recursos de sabiduría intemporal que parecen inagotables. Cuanto más se investiga, más elementos nos ofrece para conocer las respuestas que busca el ser humano sobre la vida. La visión taoísta constituye uno de los importantes cimientos del legado de este enorme y antiquísimo país.

 

El taoísmo filosófico pasó por tres fases fundamentales, cada una de las cuales era evolución de la anterior. En la primera fase, tenemos al filósofo Yang Chu, que vivió en el s. V a. C. Su filosofía se parece a la de Epicuro y Diógenes, y podemos caracterizarla como cínica o hedonista, en el sentido, sin embargo, de la eudaimonia (felicidad) como placer espiritual superior. La segunda fase está representada por Lao Tse, contemporáneo casi del anterior, el cual llevó el taoísmo a su máxima expresión. En la tercera fase tenemos a Chuang Tzu, que se cree que vivió entre el 369 y el 286 a. C., y al que podemos considerar como el gran pensador de la historia china, con excepción de Lao Tse, que era más sabio que filósofo.

 

La personalidad de este gran filósofo fue muy oscura y aún hoy día las ideas de los investigadores sobre él no están claras. El nombre, Lao Tse, significa «el anciano sabio», y se trata más bien de un personaje mítico, a pesar de las referencias posteriores, que lo consideran un personaje histórico. La investigación actual ha llegado a la conclusión de que el escritor del Tao Te King era un filósofo de nombre Li Er, que, queriendo ocultar su nombre, utilizó el de un mítico sabio, el de Lao Tan, conocido posteriormente como Lao Tse (Tse significa «sabio»). Y a él se refirieron el histórico Su Ma Chien, del s. II a. C, y el filósofo taoísta Chuang Tzu, como escritor del Tao Te King, información que ha llegado así hasta nuestros días. El hecho de que Mencio no haga ninguna referencia ni a la filosofía de Lao Tse ni al Tao Te King, que tanto chocaba con las ideas confucionistas básicas, demuestra que no estaba entonces lo bastante extendida ni era bastante conocida, o bien que era posterior a él.

 

El caso es que en torno a la imagen de Lao Tse se creó una auténtica mitología por parte de los taoístas posteriores, de tal manera que es difícil hoy día distinguir al personaje mítico del histórico. Por ejemplo, se dice que permaneció en el útero de su madre durante ochenta años y que, cuando finalmente nació, tenía larga barba, como característica de un hombre muy sabio.

 

Más allá de la historicidad de Lao Tse o de si es o no es autor del Tao Te King, lo que tiene importancia es el contenido altamente metafísico y esotérico de este libro que, a pesar de su pequeño tamaño, influyó profundamente en el pensamiento filosófico posterior, incluso en el mundo occidental, donde sus ediciones superan con mucho las de cualquier otra obra filosófica china.

 

La estructura de esta obra tiene dos partes: la primera, llamada Tao, tiene 37 capítulos, mientras que la segunda, titulada Te, tiene 44. La comprensión de estos términos, Tao y Te, es imprescindible para poder captar la redondez interna de la filosofía del Tao Te King. La idea del Tao no es original del taoísmo. Dentro del alma de los filósofos chinos, desde las épocas más remotas, estaba extendida la idea de cierta realidad superior que trascendía lo mundano. Ya se relacionara con la ley universal del universo, ya con la ley ética en la vida individual, familiar y social de los seres humanos, ya fuera con la misma esencia metafísica del universo (en el taoísmo), la verdad es que se refería al mismo concepto, a la idea del Tao.

 

Lao Tse invita al ser humano a superar el mundo exterior empírico y vivir el mundo de la esencia pura, del Tao, del cual emanan todas las cosas y donde se encuentra la fuente real de lo absoluto. En muchos elementos, la filosofía de Lao Tse en relación con el Tao se parece mucho a la del Advaita Vedanta, la filosofía de Sankaracharya. La vivencia del Tao dentro de nosotros equivale a la vivencia vedántica del Atma, que permite la unión con el Brahman absoluto. Para Lao Tse, el Tao dentro del ser humano, así como dentro de cada ser, es uno y el mismo que el Tao, presente en todas partes dentro del Todo, uno y universal. Universal y supra-universal a la vez.

 

Podríamos decir, de manera claramente intuitiva y como un primer acercamiento, que el Tao es la esencia absoluta, el no-ser que no entró aún en el espacio-tiempo, que no obtuvo aún definición. Su manifestación constituye el Te. La palabra Te tiene en el Tao Te King distinto significado del que tenía en la filosofía pretaoísta y en la confucionista, donde significa virtud y camino. Sin embargo, para Lao Tse, Te es la energía del Tao, la posibilidad latente de que pueda hacerse visible, manifestarse en el mundo. Sin Te el Tao no puede manifestarse, no puede existir. El Tao guía el universo, y por medio de Te existe. La movilización de la energía de Te dentro del hombre es lo que lo hará ético y virtuoso, es decir, de acuerdo al Tao.

 

Sería imposible, para el objetivo y la extensión de este artículo, hacer un análisis exhaustivo de todas las ideas metafísicas y filosóficas que se exponen con gran profundidad en el Tao Te King. Nos bastará con la observación de que para Lao Tse, como así se expresa en el primer capítulo del Tao Te King, tanto el ser como el no-ser tienen la misma fuente: el Tao. Es, pero como carece de toda definición, es denominado misterio o el misterio de los misterios, concepto de igual significado que el de Parabrahmán entre los iniciados vedantas.

 

Lao Tse caracteriza también al Tao como madre del universo cuando dice: «Existe algo indiferenciado (no-ser) pero pleno, que existió antes que el cielo y la tierra (que el espíritu y la materia). Insonoro y sin forma. No depende de nada y nada lo cambia. Puede considerarse la madre del universo (sin existencia de padre). No sé su nombre. Lo denomino Tao».

 

En relación con la aplicación del Tao en el ser humano, Lao Tse refiere la wu wei, que es la acción por medio de la energía espontánea de la naturaleza y no por medio de las limitadas fuerzas de la voluntad, que están conducidas por la semipenumbra del conocimiento empírico. La voluntad del ser humano debe llegar a ser una fuerza viva de la naturaleza y no la suma de sus disposiciones egoístas, porque si no, su acción no estará de acuerdo con el Tao, no movilizará, no activará el Te y obrará erróneamente.

Contemporáneo de Mencio, Chuang Tzu fue para Lao Tse como el primero para Confucio. Aunque su filosofía tiene una textura metafísica muy elevada, palpita llena de viveza y sentimiento.

 

Su talento dialéctico y literario así como su enorme cultura eran tales que los mejores pensadores de su época no consiguieron rebatir sus objeciones contra el confucianismo y otras escuelas. Seguidor ardiente de Lao Tse, se dedicó intensamente a las maneras de vivenciar el Tao, así como a la posición del hombre dentro de la sociedad, donde actúa y vive. Estos son fundamentalmente los dos puntos centrales de su filosofía, tal como la expone en su obra llamada Chuang Tzu.

 

Digno de mención es el primer capítulo, de los más esotéricos, el cual determina el sentido de toda la obra. Allí demuestra la relatividad de la importancia de los logros y del éxito, así como el hecho de que todo ser humano tiene la posibilidad de vivir el Tao, lo absoluto; basta con que siga lo adecuado para este camino correcto.

 

En su filosofía son importantes sus ideas sobre cosmogonía, antropología, ética, gnoseología, arte de gobernar, etc., y es de los pensadores vanguardistas chinos que apoyaron abiertamente la idea de la evolución física de las especies y la existencia de átomos infinitesimales en las estructuras materiales. También hizo alusiones a la existencia de la reencarnación del alma, asemejando la vida humana con las estaciones del año que se suceden cíclicamente una a la otra. Así, la vida sigue a la muerte como la primavera al invierno.

 

Con esto completamos esta presentación, muy sucinta y resumida, de los elementos que caracterizan a esta corriente filosófica de la antigua China. No obstante, son inagotables las fuentes de conocimientos y enseñanzas que existen aún en la historia del pensamiento de este enorme y antiquísimo país.







domingo, 26 de julio de 2020

CRISPR/Cas9 Y SU APLICACIÓN EN ENFERMEDADES HUMANAS.















El descubrimiento del sistema CRISPR/Cas9 ha revolucionado el campo de la Genómica debido a sus numerosas aplicaciones. En la actualidad, se emplea en Ciencia para generar modelos de ratón representativos de enfermedades humanas sobre los que pueden ensayarse fármacos o terapias.

Además, se emplea para producir la supresión de genes in vitro con muy diferentes objetivos, y su aplicación más interesante para el ser humano quizá sea la posibilidad de acabar con enfermedades de diferente naturaleza a partir de un mismo sistema. En el presente trabajo se han revisado a grandes rasgos algunos de los artículos más relevantes en el campo de la investigación clínica, y estos han revelado unos resultados muy prometedores, que postulan a CRISPR/Cas9 como el futuro de la Genómica en general, y en concreto de la terapia génica.

El desarrollo de la tecnología del ADN recombinante en los años 70 marca una nueva etapa para la Biología: comienza a ser posible la manipulación molecular del ADN. Esto permite alcanzar una mayor profundidad en el estudio de los genes a nivel individual: es posible comprender los mecanismos de expresión y regulación, así como sus efectos a nivel molecular y fisiológico.

La adición o supresión de genes o secuencias concretas en células o seres vivos tiene aplicaciones muy diferentes, desde la incorporación de genes de resistencia en especies vegetales para poder cultivarse en casi cualquier lugar del mundo, hasta la supresión de genes que producen enfermedades en el ser humano. Además, a nivel industrial, es posible aumentar el rendimiento de la producción de diferentes productos (fármacos, combustibles, materiales...), y en el campo de la investigación clínica estos procesos permiten generar tejidos o animales modificados genéticamente, sobre los que estudiar diferentes tratamientos para enfermedades humanas.

En este contexto, la tecnología CRISPR/Cas9 es el método de edición genómica más recientemente adoptado, y supone una revolución por su versatilidad, especificidad y también por la sencillez de su diseño.

El descubrimiento de CRISPR se remonta al año 1987, cuando Ishino et al describen la presencia de secuencias repetitivas en el genoma de la bacteria Escherichia coli. Dichas secuencias llamaron su atención por tener en común una separación entre ellas de 32 pares de bases no repetitivos. La función de estas secuencias fue desconocida durante décadas, pero la secuenciación de un gran número de genomas bacterianos en los años posteriores llevó al descubrimiento de secuencias de igual naturaleza en muchas otras especies de bacterias y arqueas. Mojica et al determinaron que estas secuencias interespaciadas y repetitivas constituyen un elemento presente en más del 40% de
las especies bacterianas secuenciadas hasta la fecha, y alrededor de en un 90% de las arqueas.

El interés por estas secuencias bacterianas cuya función era aún desconocida fue en aumento. En el año 2002, un equipo en el que colaboró el científico español José JM Mojica acuña el término CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats) para referirse a ellas.

El estudio en profundidad de estas secuencias llevó a un nuevo descubrimiento: todas ellas presentaban secuencias adyacentes con un alto grado de conservación, que después se denominarían genes Cas.v

Estos genes codifican para una familia de proteínas con dominios helicasa, nucleasa,
polimerasa, y también varias regiones de unión a RNA, por lo que en un principio se postuló que estas proteínas constituían un sistema de reparación natural del material génico.

El análisis comparativo tanto de las secuencias CRISPR como de sus genes adyacentes, los genes Cas, reveló que correspondían a fragmentos nucleicos del genoma de algunos virus y plásmidos.

Con este descubrimiento se postula por primera vez la posibilidad de que el sistema CRISPR sirva a las bacterias como sistema de defensa con capacidad adaptativa ante agentes exógenos.

Para confirmar esta nueva hipótesis, se insertaron secuencias víricas concretas en algunas cepas de Streptococcus thermophilus. Tras la infección con el fago correspondiente a dicha secuencia, se detectó la capacidad de las bacterias para eliminar los fragmentos nucleicos virales, evitando así el proceso de infección.

LA TECNOLOGÍA
CRISPR/Cas9 Y SU APLICACIÓN EN
ENFERMEDADES HUMANAS.
Autor: Patricia Hinojar Merín
Tutor: Elvira Román González







domingo, 26 de enero de 2020

EL SILENCIO ES EL PRINCIPIO DEL MÁS ALTO CONOCIMIENTO













El silencio es el recogimiento del Ser en el retorno a su verdad.
(Heidegger)

El silencio es el sueño que nutre la sabiduría.
(Francis Bacon)

La mente recubre la realidad sin darse cuenta. Para conocer la naturaleza de la mente necesitas inteligencia, la capacidad de observar a la mente en silencio con conciencia desapegada.
(Nisargadatta Maharaja)

Sé tan silencioso como un pez y sumérgete en el océano de la dicha.
(Rumi)

Permanezcamos en silencio para que así podamos escuchar el murmullo de los dioses.
(Emerson)

El que habla no sabe; el que sabe no habla.
(Lao-Tse)

El silencio en todas las tradiciones místicas y gnósticas tiene un lugar central. Filósofos y místicos de todas las eras han reconocido que para que la mente logre acceder a los aspectos más sutiles de la existencia y pueda realmente conocer lo que es, es necesario silenciar el pensamiento discursivo, conceptual o representacional. Un símil utilizado en las tradiciones de la India puede servir para entender esto: si tenemos una imagen (por ejemplo, la Luna) reflejada en un cuerpo de agua, podremos verla con mayor claridad si la superficie está quieta; si en cambio existen agitaciones, ya sea por el viento o por una roca que al caer genera ondas en el agua, no podremos ver con la misma claridad la imagen.

El matemático y filósofo francés Blaise Pacal escribió: "La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación". Una frase que hay que leer a la luz del silencio, tanto en su aspecto gnóstico como en su aspecto más secular como un remedio para el estrés. Intentaré explicar por qué el silencio y la quietud son las llaves que llevan no sólo a la felicidad sino, más aún, a la sabiduría, que es al final de cuentas una felicidad serena y duradera que conquista la mutabilidad del ánimo y de las circunstancias. Es sólo el hombre que es capaz de aquietar su mente y sus emociones quien puede ver la realidad. Podemos parafrasear: "Quédate quieto y te conocerás a ti mismo y a los dioses".

La frase de Pascal también puede entenderse en relación al concepto de Heidegger del "pensamiento meditativo" que piensa al Ser, a diferencia del pensamiento superficial, representacional o calculador. Heidegger sugiere que para alcanzar este pensamiento meditativo es necesario "esperar". Este esperar es estar receptivo a la apertura del Misterio, al claro del Ser (que a su vez también nos espera); se trata de un esperar que no espera nada en específico, una espera sin objeto o meta, una espera pura y totalmente abierta, una espera meditativa. "No debemos hacer nada en absoluto, sólo esperar", dice Heidegger en el texto Diálogos en un camino de campo. Hay que aprender a no hacer nada, como dice Pascal, y hay que aprender a esperar, que es también algo así como saber estar en una habitación quietos (lo cual no significa no pensar; al contrario, significa pensar y contemplar lo más cercano e íntimo que es el Ser). Al hacer esto, dice Heidegger, nos volvemos sensibles a la voz del Ser, y si la seguimos nos podemos transformar de tal forma que todo pensamiento (Denken) se vuelve agradecimiento (Danken). Aquí Heidegger cobra una dimensión mística similar a la de Meister Eckhart, quien sugirió que si nuestra única oración es "dar las gracias" eso es suficiente para el conocimiento de Dios. Aunque éste esperar, este pensamiento meditativo no es exactamente lo mismo que el silencio, sí es claramente un estado místico similar al wu-wei taoísta, un hacer sin hacer, una especie de concentración meditativa sin esfuerzo o voluntad. El concepto clave aquí es Gelassenheit, que ha sido traducido al español como "serenidad", "dejidad" o "ecuanimidad" y que alude a dejar ser, a una liberación, a una soltura; se trata, según el mismo Heidegger, de una disponibilidad ante el Ser que deja que las cosas sean en sí mismas, "en su misterio e incertidumbre". Heidegger llama a esto una forma "superior de acción", emparentada con la espera, que es a la vez "un acto superior que sin embargo no es ninguna actividad". Así el Gelassenheit "yace más allá de la distinción entre actividad y pasividad" y del "dominio de la voluntad", algo que suena justamente a una paradoja taoísta. En el Tao Te Ching leemos: "el sabio actúa sin hacer nada", "El Sendero es siempre inacción, y sin embargo nada queda sin hacerse", o "La más alta virtud es no hacer nada. Y, sin embargo, nada necesita hacerse. La más baja virtud hace todo. Y, sin embargo, mucho queda por hacerse".

La India es un país que quizás no haya aportado tanto a la evolución de la tecnología y de la ciencia que permiten, entre otras cosas, que miremos la profundidad del espacio cósmico con poderosos aparatos. Sin embargo, su aportación al nivel de lo que podemos llamar ciencia interna o de una disciplina del conocimiento de la naturaleza de la mente es difícil de igualar. Particularmente le debemos a las tradiciones que se derivan del pensamiento védico el desarrollo del "samadhi", un término que tiene numerosas acepciones, pero que a grandes rasgos podemos traducir como "calma" y "concentración", y que etimológicamente hace alusión a "unir" o "perfeccionar" (en relación a la mente) --una acepción más que viene de los Yoga-sutras de Patanjali es la de éxtasis o logro espiritual, equivalente al nirvana. Podemos decir que el verdadero éxtasis es la calma, la constante quietud de la cual emerge la dicha, que es una especie de luminosidad creativa --esta es la imagen védica de la creación, una luz que empieza a relumbrar en las aguas calmas de la mente. El maestro de meditación y físico Alan Wallace sugiere que el samadhi es el telescopio Hubble de la mente y que lograr amaestrar lo que la tradición contemplativa budista ha mapeado como diferentes etapas de absorción meditativa (de generación de samadhi) es el requisito esencial para alcanzar los estados más altos de sabiduría. En el budismo esto se lleva a cabo a través de la meditación shamata, la cual al producir samadhi da pie al vipassana (la visión clara introspectiva). "Una vez que la estabilidad se logra, entonces el misterio puede ser revelado", escribe Wallace.

El gran maestro budista tibetano Longchen Rabjam explica esta misma idea de cómo son la quietud y la ecuanimidad lo que permite que alcancemos el conocimiento de la verdad, algo que en el budismo mahayana es representado como la diosa Prajnaparamita ("la diosa de la perfección de la sabiduría trascendente"). Lo que descubre el practicante que logra el silencio de la mente es la vacuidad (la interdependencia de todos los fenómenos) que tiene una cualidad radiante, una cualidad cognitiva pese a que no es una cosa:
entiende que los fenómenos [dharmas] del samsara y el nirvana no tienen naturaleza propia y descansa ecuánimemente sobre eso. Asienta la mente sin elaboración externa hacia las cosas sólidas ni interna en retraimiento concentrativo. Entonces, al no referenciar ningún fenómeno que sea otro que eso, la mente dualista racional se subsume en un estado igual al espacio, el cual se expande hacia todos los confines, y es llamado "prajna-paramita".
[Traducción de Tony Duff]

Aquí Longchenpa hace referencia a una meditación sin esfuerzo, a un estado ciertamente avanzado pero a la vez completamente natural en el que la mente se ha aquietado y deja de colorear con sus propias elaboraciones tanto los fenómenos externos que percibe como los internos. Al descansar en este estado la mente se torna naturalmente amplia y luminosa como el espacio mismo, una expansión que contiene todos los fenómenos pero que no se agarra de ninguno. Este estado, que en realidad es la naturaleza prístina de la mente, es conocido como rigpa en la tradición tibetana. Longchenpa ahonda:
Dentro de la brillante vacuidad de rigpa, mientras descansamos en la suprema claridad natural sin involucrarnos con nada, la luminosidad de las apariencias externas no tiene límites y los sentidos yacen relajados y libres, y ya que no hay nada de qué asirse, los objetos en el campo de las apariencias no se reifican. En el vasto silencio existencial de la luz clara innata, en la ininterrumpida matriz radiante que no tiene principio, las apariencias son como reflejos en un lago pelúcido.
[traducción Keith Dowman, Natural Perfection].

Esta misma idea en cierta forma se encuentra también en los Yoga-sutras de Patanjali, quizás el texto más traducido en la historia de la filosofía mística de la India. La frase sánscrita más conocida es esta: yoga nirodha chitta vritti. Una traducción novedosa de Christopher Wallis la vierte así: "yoga es el estado en el que las fluctuaciones mentales y emocionales se han aquietado". Aquí Wallis define yoga (que podemos referir como la unión con lo divino) como un estado y no como una práctica per se: el estado que resulta de aquietar las fluctuaciones de la mente que impiden contemplar la naturaleza esencial del ser, que para la tradición de Patanjali tiene una identidad con lo divino, es decir, el ser individual tiene una existencia temporal mayormente ilusoria, su naturaleza verdadera es el Ser intemporal, inmutable e inefable. De nuevo podemos evocar la imagen del lago tranquilo en el cual podemos ver la realidad: lo que somos, más que la imagen que se refleja, es el agua que puede acomodar toda imagen sin perturbarse. 

No hay duda de que la tradición del budismo zen tiene una de las relaciones más ricas e íntimas con el silencio. De hecho, el silencio es su fundación a la vez que su último florecimiento: el principio y el final se encuentran en el silencio de la transmisión del Buda y en el silencio de la realización del contemplativo, que reconoce al practicar zazen que siempre ha sido Buda (se dice en el zen que el silencio que se bebe cuando uno medita, incluso en la mente de un principiante, es ya Buda).
En uno de los textos clásicos del zen, Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz), el maestro Keizan narra:
Ante una asamblea de 80 mil monjes en el monte Grdhrakuta [monte Buitre], el Buda sostuvo una flor en su mano y guiñó el ojo. Nadie en la asamblea entendió lo que estaba haciendo, y permanecieron en silencio. Mahakashyapa sonrió... El Buda sostuvo una flor y mostró que no estaba cambiando. Mahakashyapa sonrió para mostrar que era eterna. De esta forma Shakyamuni y Mahakashyapa se conocieron y sus pulsos se entremezclaron. El entendimiento perfecto y puro no involucra la mente que discrimina, así Mahakashyapa se sentó en meditación y cortó la raíz del pensamiento. 

Esta historia narra el origen del zen, una transmisión de la luz de la sabiduría budista que ocurre en silencio, y continúa 2 mil 500 años después, en un linaje ininterrumpido de maestros y discípulos que fundamentalmente se dedican a cultivar el silencio. El silencio es el secreto que al entenderse germina como la flor de la iluminación, pero aquello mismo que se entiende no es más que silencio.

Aunque Jiddu Krishnamurti buscó separarse de las antiguas tradiciones contemplativas de la India y forjó su propio camino, es indudable que sus enseñanzas están fincadas profundamente en el dharma del país donde nació. El silencio es fundamental en la visión de Krishnamurti, incluso podemos decir que en Krishnamurti el silencio toma el rol del gurú que es tan vital en el budismo y en el hinduismo (y del cual Krishnamurti quiso distanciarse). La propia mente, cuando logra entrar en silencio, se vuelve el maestro que muestra lo divino inmanentemente.
La meditación implica un completo y radical cambio en la mente y el corazón. Esto sólo es posible cuando existe un extraordinario sentido de silencio interno, y con eso solamente surge la mente religiosa. Esa mente sabe lo que es sagrado…
Una mente meditativa es silenciosa. No es este el silencio el cual el pensamiento puede concebir; no es el silencio de una tarde calmada; es el silencio en el cual el pensamiento –con todas sus imágenes, palabras y percepciones– ha cesado. Esta mente meditativa es la mente religiosa –la religión que permanece intocada por la Iglesia, los templos o los cantos. La mente religiosa es una explosión de amor. Es este amor que no conoce separación. Para él, lejos es cerca. No es lo uno o lo múltiple, sino el estado de amor en el que no existe división. Como la belleza, no es la medida de las palabras. Sólo desde este silencio la mente meditativa actúa.  ...
Esa noche, particularmente en ese valle distante de antiguas colinas que esculpían finamente las peñas, el silencio era tan real como el muro que tocabas. Y veías las estrellas brillantes por la ventana. No era el silencio autogenerado; no era que la tierra estaba quieta y los pobladores se habían ido a dormir, sino que venía de todas partes –de las estrellas distantes, de esas colinas oscuras, y de tu propia mente y corazón. Este silencio parecía cubrir todas las cosas desde el más pequeño grano de arena en el estero –que sólo conoció el agua corriente cuando llovió– hasta el alto y expansivo baniano y una ligera brisa que ahora soplaba. Hay un silencio de la mente que nunca es tocado por ningún ruido, por ningún pensamiento o por el viento pasajero de la experiencia. Es este silencio que es inocente, y tan interminable. Cuando hay este silencio de la mente, la acción brota de él, y esta acción no causa confusión ni miseria.

La meditación de una mente que es completamente silenciosa es la bendición del hombre que siempre está buscando. En este silencio toda cualidad de silencio es.  Hay ese extraño silencio que existe en un templo o en una iglesia vacía en un pueblo remoto, sin el ruido de turistas o fieles; y el silencio oneroso que yace en la superficie del agua que es parte de aquello que está afuera del silencio de la mente.    

La mente meditativa contiene todas estas variedades, cambios y movimientos del silencio. Este silencio de la mente es la verdadera mente religiosa y el silencio de los dioses es el silencio de la Tierra.
La mente meditativa fluye en ese silencio, y el amor es la vía de esta mente. En este silencio hay dicha y alegría.

El Mistico y cabalista David Chaim Smith, nos introduce al papel del silencio en la vida contemplativa en su libro de cábala no-emacionista The Awakening Ground:
La práctica contemplativa empieza con el amor al silencio. Silencio en este caso no se refiere a la mera ausencia de sonidos audibles, aunque este es uno de los aspectos que invitan a la mente a la gran expansión de su naturaleza esencial. El gran silencio es pleno, resonante y habla a través de todas las cosas. Puedes empezar llamándolo en tu interior, donde reside sin interrupción.
El amor al silencio es una especie de hambre o sed. Cala profundamente hondo. La urgencia de unirse a él es como el fuego que intensifica la aspiración gnóstica.

Smith habla de este amor al silencio como un fuego, un fuego que se enciende en el corazón de un practicante con la aspiración gnóstica, que es fundamentalmente el deseo de encontrar la libertad a través de la sabiduría, una sed de lo absoluto, de contemplar siempre la fuente. Este fuego, el cual es descrito también como un fuego fluido o un fuego líquido, va purificando la mente en una especie de baño lustral en el cual el contemplativo va eliminando lo inesencial, todo el ruido mundanal de conceptos y distracciones. El silencio además de purificar, de hacer la mente como el espacio primordial sin mácula, es también para Smith el método más alto de conocimiento, ya que la verdad no puede decirse, aunque sí puede saberse: un saber que es un ser, un silencio, una oscuridad luminosa. Así el tzadik, el equivalente al bodhisattva de la tradición mística judía, es aquel que se despersonaliza, aquel que "no tiene una psique individual, esto en el sentido de que ya no hay más apego al significado de los fenómenos relativos" y se convierte en una expresión viviente de ese silencio luminoso: "El tzadik no es más que esta centella del silencio asumiendo forma, la cual anula la separación entre su singularidad y su infinita variación".

En la cábala, la mente en su estado primordial de sabiduría indiferenciada es representada por la imagen de las aguas y la letra mem (que representa la sefira chokmah, según el Sefer Yetzirah). Esta es el agua en la cual sopla el espíritu de Dios su hálito de deseo gnóstico (Ruach Elohim), unas aguas que son una sabiduría tan profunda que no puede expresarse: el silencio. Y sin embargo esta totalidad indiferenciada, siempre pura, aparece como mundos y cuerpos. Este es el sonido del silencio (el mundo en su manifestación), expresado por la letra shin, un fuego crepitante (equivalente a binah). Pero, aunque el mundo se manifiesta, aunque las letras divinas se inscriben en el espacio con toda su serie de correspondencias y emanaciones, la gnosis más profunda revela que aquello que se manifiesta no es más que lo absoluto en su infinito juego creativo. Cada una de las esferas del árbol de la vida cabalístico y cada una de las apariencias no son más que Ein Sof (lo Infinito, lo Absoluto). "¿Cómo puede el infinito vaciarse o dividirse? ¿Estas acciones sólo aplican a sustancias materiales finitas, así que cómo pueden aplicarse a Ein Sof?... El infinito se refleja a sí mismo en cada detalle de sus apariciones", dice Smith.

La forma en la que el infinito irradia y se manifiesta como energía en el mundo toma en la cábala un término sumamente sugerente: "chasmal", literalmente "la voz del silencio", y que es traducido a veces como ámbar o electrum, una referencia a una cualidad eléctrica o radiante. Este término es utilizado por el profeta Ezequiel para describir su famosa visión mística de una carroza o rueda flamante compuesta de cuatro bestias angelicales con los rostros de un buey, un águila, un león y un hombre (asociados con signos astrológicos, las cuatro direcciones y los cuatro mundos cabalísticos), que se mueve de manera coordinada, centelleando con el espíritu de Dios. Esta visión es el origen del misticismo del merkabah y el carro flamante es descrito a veces como el trono de Dios, como un vehículo luminoso, como la figura misma del hombre en su estado superno de iluminación. David Chaim Smith sugiere que el merkabah representa el vuelo gnóstico de una mente libre de fijaciones conceptuales que asciende hacia la contemplación mística de lo divino. Poéticamente, escribe que "el merkabah debe seguir volando hasta que se convierte en el cielo", esto es, eliminar toda dualidad entre un sujeto que percibe y lo que se percibe. 

Smith explica que chasmal, la voz del silencio, es la energía espiritual que profiere a aleph, la primera letra del alfabeto hebreo, y la cual simboliza la totalidad, una identidad con Ein Sof. En otras palabras, el mundo surge como una corriente eléctrica en las aguas indiferenciadas del silencio y aunque se manifiesta como diversidad no es nunca más que ese fondo silencioso, una fuente ubicua.

De alguna manera, la contemplación silenciosa lleva a contemplar esta paradoja primordial de la manifestación divina (también conocida como el tzimtzum, una manifestación que es a la vez un ocultamiento de lo absoluto en lo relativo). La mente es como esa agua cuya sustancia no es otra que la gnosis. La mente que no se aferra a sus propios constructos, presencia la voz del silencio que es la luminosidad creativa que escribe mundos como hologramas sobre el lienzo del espacio.

Se dice que Pitágoras, el gran sabio que conjugó el conocimiento científico con el conocimiento místico, en su escuela de Crotona, requería que sus candidatos pasaran algo así como 5 años en silencio antes de ser admitidos a sus misterios. Esto ejemplifica de manera explícita la tesis de este artículo de que el silencio y el aquietamiento de las oscilaciones mentales es la base sobre la cual se establece el más alto conocimiento.

Thomas Stanley, uno de los más grandes biógrafos de Pitágoras, dice que los 5 años de silencio eran una prueba de conducta por la cual "el alma podía convertirse en ella misma lejos de las cosas externas, de las pasiones irracionales del cuerpo para asumir su propia vida que es la vida eterna". Sobre esta disciplina del silencio, Clemente de Alejandría explica que "al abstraerse del mundo sensible, el discípulo podía buscar a Dios con una mente pura". Luciano agrega sobre este método que tenía la virtud de producir la reminiscencia. Lo que parece razonable, ya que el silencio parece hacernos olvidar nuestros pensamientos superficiales para abandonarnos en la profundidad de la mente, accediendo tal vez a capas más profundas del ser; siguiendo la máxima platónica del conocimiento como recuerdo, podemos decir que el silencio es una ciencia de la reminiscencia. 

La vida pitagórica requería numerosos sacrificios además del silencio, siempre moderación y frugalidad. Pitágoras pedía a sus discípulos que no bebieran vino, que comieran y durmieran poco, se abstuvieran de la carne y en general de cualquier alimento de difícil digestión. La idea general que se esboza aquí es que sus hábitos estuvieran orientados siempre a no gastar energía en otra cosa que no fuera el estudio de la filosofía y el cultivo de sus facultades. Thomas Stanley dice que Pitágoras "procuraba a sus discípulos una conversación con los dioses en visiones y sueños" --lo que no podía ocurrir a un alma perturbada por el placer o la ira, o cualquier otro transporte inadecuado, o con la impureza o la ignorancia. Stanley precisa que no todos los alumnos eran sometidos a 5 años de silencio; al parecer Pitágoras personalizaba su instrucción y algunos de espíritu naturalmente más tranquilo no tenían que pasar el lustro (a veces 2 años eran suficientes). Una vez que los pupilos cruzaban este umbral de silencio se les llamaba Mathematici, antes eran Acoustici. "Si no has sido cambiado, estás muerto para mí", era el lema que se aplicaba a aquellos que no lograban superar el período de prueba.

En una edición de la revista Artes de México en la que se concluye por diversas fuentes que: La habilidad chamánica consiste en percibir y mirar lo ausente y escuchar lo que el silencio revela. Esta misma idea puede aplicarse también a los magos (siendo la más alta magia el misticismo y el conocimiento de lo divino). La mejor elucidación de esta relación es la que hace el místico hermético cristiano Valentin Tomberg en su libro Los arcanos mayores del tarot. Para concluir con este acercamiento al silencio, que está impulsado por la inflamación misma de la mente que desea el silencio como se desea a un amante, como el alma desea a Dios, como los ojos desean contemplar el cielo o como el fuego desea el aire, descansamos en el ardor poético de estas palabras cuya riqueza de matices lo mismo glosa los Yoga-sutras de Patanjali que del wu-wei taoista o de "la noche del alma" de San Juan de la Cruz:
La concentración sin esfuerzo –es decir, ese lugar en el que no hay nada que suprimir y en donde la contemplación se vuelve tan natural como la respiración y el latido del corazón– es el estado de conciencia (i. e., pensamiento, imaginación, sensación y voluntad) de calma perfecta, acompañada de la completa relajación de los nervios y los músculos del cuerpo. Es el profundo silencio de los deseos, las preocupaciones, de la imaginación, de la memoria y el pensamiento discursivo. Uno podría decir que todo el ser se vuelve como la superficie quieta del agua, reflejando la inmensa presencia del cielo estrellado y su armonía inefable. ¡Y las aguas son profundas, tan profundas! Y el silencio crece, perpetuamente… ¡qué silencio! Su crecimiento se lleva a cabo a través de ondas regulares que pasan, una tras otra, a través de tu ser: una onda de silencio seguida por otra onda de silencio más profundo y luego otra vez una onda de silencio aún más profundo… ¿Alguna vez has bebido silencio? Si tu respuesta es afirmativa, entonces ya sabes lo que es la concentración sin esfuerzo. 

Con el tiempo, el silencio o la concentración sin esfuerzo se vuelve un elemento fundamental siempre presente en la vida del alma. Es como el servicio perpetuo en la iglesia del Sagrado Corazón en Montmartre que se realiza en París mientras uno trabaja, uno interactúa, uno se divierte, uno sueña, uno muere… De la misma forma que “un servicio perpetuo” de silencio se establece en el alma, esto continua siempre aunque uno esté trabajando o cuando uno está conversando. Esta “zona de silencio”, una vez establecida, es un manantial del cual uno puede tomar tanto para el trabajo como para el descanso. Entonces tendrás no sólo concentración sin esfuerzo, también actividad sin esfuerzo. Es precisamente aquí que encontramos la expresión de la segunda parte de nuestra fórmula:
transformar el trabajo en juego

La transformación del trabajo, que es obligación, en juego, ocurre como consecuencia de la presencia de la “zona de silencio perpetuo”, de la que uno extrae una especie de secreta e íntima respiración, cuya dulzura logra ungir el trabajo y convertirlo en juego. Y es que la “zona de silencio” no sólo significa que el alma está, fundamentalmente, en reposo, sino, sobre todo, que existe un contacto con el mundo celestial o espiritual, el cual colabora con el alma. Aquel que encuentra silencio en la soledad de la concentración sin esfuerzo, nunca está solo. Nunca carga solo el peso que debe llevar; las fuerzas celestes, las fuerzas superiores, están ahí participando de ahora en adelante. Así en verdad se cumple la tercera parte de la fórmula:    haz que todo yugo que hayas aceptado sea sencillo y cada peso que cargas sea ligero, se vuelve experiencia en sí misma. Puesto que el silencio es el signo del contacto real con el mundo espiritual y este contacto, a su vez, siempre engendra el influjo de las fuerzas. Este es el cimiento de todo misticismo, toda gnosis, toda magia y todo esoterismo práctico en general.

Todo esoterismo práctico está fundado en la siguiente regla: es necesario ser uno en uno mismo (concentración sin esfuerzo) y uno con el mundo espiritual (tener una zona de silencio en el alma) para que pueda ocurrir una verdadera experiencia espiritual o revelatoria. Si uno quiere practicar algún tipo de esoterismo auténtico –ya sea misticismo, magia o gnosis– es necesario ser el Mago, i.e., concentrado sin esfuerzo, operando con soltura como si uno estuviera jugando, y actuando en perfecta calma.  Es el primer consejo, mandamiento o advertencia en lo que concierne a la práctica espiritual; es el aleph del “alfabeto” de las reglas prácticas del esoterismo. 








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