miércoles, 5 de septiembre de 2012

CONFUCIO / LOS CUATRO LIBROS

















CONFUCIO (KUNG-TSE):

LOS CUATRO LIBROS




A pesar de que el Confucianismo puede considerarse opuesto al Taoísmo -- buscando el primero la armonía del hombre con la sociedad mientras que el segundo se centra en hallar la armonía del hombre con el Universo (Tao)--, consideramos interesante para el lector conocer sus fundamentos que pueden encontrarse en los "Cuatro Libros" de Confucio:

1.-Primer Libro Clásico (Ta-Hio o Gran Ciencia) atribuido al nieto de Kung-Tse esta dedicado a los conocimientos propios de la madurez.

2.-Segundo Libro Clásico (Chung-Yung o Doctrina del Medio) trata de las reglas de conducta humana, del ejemplo de los buenos monarcas y la justicia de los gobiernos.

3.-Tercer Libro Clásico (Lun-Yu o Comentarios filosóficos) conocido como Analectas, resume de forma dialogada lo esencial de la doctrina de Kung-Tse.

4.-Cuarto Libro Clásico (Meng-Tse o Libro de Mencio) compuesto por su seguidor, que vivió entre los años 371 y 289 a. C




Primer.. Libro ..Clásico


Es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones.
En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto.

Desde el hombre más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser.

¿No sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?, ¿No resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres?

Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de acuerdo con nuestras inclinaciones naturales.

Cuando el alma se haya agitada por la cólera, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla cohibida por el temor, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla embriagada por el placer, no puede mantenerse fuerte; cuando el alma se halla abrumada por el dolor, tampoco puede alcanzar esta fortaleza. Cuando nuestro espíritu se haya turbado por cualquier motivo, miramos y no vemos, escuchamos y no oímos, comemos y no saboreamos.

Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.

Lo que desapruebes de tus superiores, no lo prácticas con tus subordinados, ni lo que desapruebes de tus subordinados debes practicarlo con tus superiores. Lo que desapruebes de quienes te han precedido no lo practiques con los que te siguen, y lo que desapruebes de quienes te siguen no lo hagas a los que están delante de ti.

No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter, y buscar sólo lo accesorio, es decir, las riquezas, sólo puede dar lugar a la perversión de los sentimientos del pueblo, el cual también valorara únicamente las riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.

Si el príncipe utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo imitará este ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; si, por el contrario, el príncipe utiliza las rentas públicas para el bien del pueblo, éste se le mostrará sumiso y se mantendrá en orden.

Si el príncipe o los magistrados promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no los cumplirá y se opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos. Quienes adquieran riquezas por medios violentos e injustos del mismo modo las perderán por medios violentos e injustos.

Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un reino: que sean muchos los que produzcan y pocos los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste con moderación. Si todo el pueblo obra así, las ganancias serán siempre suficientes.

Segundo.. Libro ..Clásico

La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro ánimo la alegría, el placer, la cólera o la tristeza, se denomina "centro". En cuanto empiezan a desarrollarse tales pasiones sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos en un estado denominado "armónico" o "equilibrado". El camino recto del universo es el centro, la armonía es su ley universal y constante.

Cuando el centro y la armonía han alcanzado su máximo grado de perfección, la paz y el orden reinan en el cielo y en la tierra, y todos los seres alcanzan su total desarrollo.

El hombre noble, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre se adapta a ellas con tal de mantenerse siempre en el centro. En cuanto conseguía una nueva virtud, se apegaba a ella, la perfeccionaba en su interior y ya no la abandonaba en toda la vida.

Mucho más excelente es la virtud del que permanece fiel a la práctica del bien, aunque el país se hay carente de leyes y sufra una deficiente administración.

El camino recto o norma de conducta moral debemos buscarla en nuestro interior. No es verdadera norma de conducta la que se descubre fuera del hombre, es decir, la que no deriva directamente de la propia naturaleza humana.

Quien desea para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón y cumple la norma de conducta moral que la propia naturaleza racional impone al hombre.

La perseverancia en el camino recto y la práctica constante de las buenas obras, cuando han alcanzado su prado máximo de perfección, producen óptimos resultados; del mismo modo, el fiel cumplimiento del deber dará lugar a beneficios sin límite, siendo su causa unas fuerzas de naturaleza sutil e imperceptible.

Existen cinco deberes fundamentales, comunes y tres facultades para practicarlos. Estos deberes se refieren a las cinco relaciones siguientes:
las relaciones que debe existir entre el príncipe y los súbditos,
entre el padre y sus hijos,
entre el marido y la esposa,
entre los hermanos mayores y los menores, y
entre los amigos.
El recto comportamiento en estas cinco relaciones constituye el principal deber común a todos los hombres.

Para el buen gobierno de los reinos es necesaria la observancia de nueve reglas universales: el dominio y perfeccionamiento de uno mismo, el respeto a los sabios, el amor a los familiares, la consideración hacia los ministros por ser los principales funcionarios del reino, la perfecta armonía con todos los funcionarios subalternos y con los magistrados,
unas cordiales relaciones con todos los súbditos, la aceptación de los consejos y orientaciones de sabios y artistas de los que siempre debe rodearse el gobernante,la cortesía con los transeúntes y extranjeros, y el trato honroso y benigno para con los vasallos.

Si antes de ponernos a hablar determinamos y escogemos previamente las palabras, nuestra conversación no será vacilante ni ambigua. Si en todos nuestros negocios y empresas determinamos y planeamos previamente las etapas de puesta actuación, conseguiremos con facilidad el éxito. Si determinamos con la suficiente antelación nuestra norma de conducta en esta vida, en ningún momento se verá nuestro espíritu asaltado por la inquietud. Si conocemos previamente nuestros deberes, nos resultará fácil su cumplimiento.

El que no es fiel y sincero con sus amigos, jamás gozará de la confianza de sus superiores.

Cuando el hombre prudente es elevado a la dignidad soberana, no se enorgullece ni envanece por ello; si su posición es humilde, no se rebela contra los ricos y poderosos. Cuando el reino es administrado con justicia y equidad, bastará su palabra para que le sea conferida la dignidad que merece; cuando el Reino sea mal gobernado, y se produzca disturbios y sediciones, bastará su silencio para salvar su persona.

Todos los seres participan en la vida universal, y no se perjudican unos a otros. Todas las leyes de los cuerpos celestes y las que regulan las estaciones se cumplen simultáneamente sin interferirse entre sí. Las fuerzas de la naturaleza se manifiestan tanto haciendo deslizar un débil arroyo como desplegando descomunales energías capaces de transformar a todos los seres, y en esto consiste precisamente la grandeza del cielo y de la tierra.

El sabio pretende que sus acciones virtuosas pasen desapercibidas a los hombres, pero día por día se revelan con mayor resplandor; contrariamente, el hombre inferior realiza con ostentación las acciones virtuosas, pero se desvanecen rápidamente. La conducta del sabio es como el agua: carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras.

Contrólate a ti mismo hasta en tu casa; no hagas, ni aún en el lugar más secreto, nada de lo que puedas avergonzarte.

Sin ofrecer bienes materiales el sabio se gana el amor de todos; sin mostrarse cruel ni encabezado, es temido por el pueblo más que las hachas y las lanzas.

La pompa y la ostentación sirven de muy poco para la conversión de los pueblos.

Tercer.. Libro ..Clásico

Si el hombre sabio observa una conducta displicente, no inspirará respeto; si se limita a estudiar, sus conocimientos no serán profundos. Debéis ser siempre sinceros, fieles y actuar con buena fe. No entabléis amistad con personas de virtud o conocimientos inferiores a los vuestros. Si tenéis algún defecto, procurad corregirlo.

La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el respeto y comprensión hacia todos.

Se puede calificar de " hombre superior " el que primero pone en práctica sus ideas, y después predica a los demás lo que él ya realiza.

La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.

Aprende a escuchar sin descanso para disipar tus dudas; mire tus palabras, para que nada de lo que digas sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo error. Obsérvalo todo, para prevenir los daños que pudiera ocasionarte una insuficiente información. Controla tus acciones, y así no tendrás que arrepentirte con frecuencia de ellas. En cuanto hayas conseguido que tus palabras sean normalmente rectas, y no debas arrepentirte con frecuencia de tus acciones, serás digno del cargo que ocupas.

Conocer lo que es justo y no practicarlo es una cobardía.

El hombre superior no discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista vencido y sube con él a la sala; terminada la discusión, bebe con su contrincante en señal de paz. Estas son las únicas discusiones del hombre superior.

Los hombres ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden evitarse por caminos honestos y rectos es preciso aceptar estos males.

Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.

Observad a los sabios para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes. Observad también a los perversos para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus defectos.

Los que controlan en todo momento sus actos, raras veces se desvían del camino recto.

Una virtud nunca puede subsistir aislada; siempre ha de hallarse protegida por otras virtudes.

El hombre prudente es parco en el hablar pero activo en el obrar

Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al propio tiempo observo sus acciones.

No he conocido a ningún hombre que obrara siempre de acuerdo con sus principios. Yo no hago a los demás lo que no quisiera que ellos hicieran conmigo.

El que sabe mantener un porte digno aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos amigos sientan un gran respeto hacia él.

Lo único que yo ambiciono y deseo es no caer en la necesidad de vanagloriarme por mis virtudes y por mi inteligencia, y no pregonar mis buenas acciones.

Un hombre digno debe ayudar a los necesitados, pero no aumentar los bienes de los ricos.

Es mejor amar la verdad que el frío conocimiento de la misma; es mejor complacerse en la práctica de la verdad, que el simple amor hacia ella.

Estaría dispuesto a ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener grandes riquezas por medios honrados; si por el contrario, para enriquecerse debiera emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome a mis actividades favoritas.

No he hallado todavía ningún hombre santo; como máximo sólo he logrado conocer a algún hombre sabio. No comprendo cómo puede haber hombres que actúen sin saber lo que hacen.

Quienes son pródigos en exceso y se entregan al lujo, fácilmente se vuelven orgullosos.

Cuando el hombre se halla cerca de la muerte, sus palabras son sinceras y veraces.

Es posible lograr que el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar a que le comprenda.

En general los hombres aman más la belleza corporal que la virtud.

Cuando uno no ha alcanzado todavía la perfección en el servicio de los hombres, ¿Cómo es posible que sea digno de servir a los espíritus?

¿Qué es la muerte? Si todavía no sabemos lo que es la vida, ¿Cómo puede inquietarnos el conocer la esencia de la muerte?

Tan malo es pasar de la medida como no alcanzarla.

En público, compórtate siempre como si estuvieras ante un personaje muy distinguido; cuando debas dar alguna orden al pueblo, muestra el mismo respeto y dignidad como si estuvieras ofreciendo el gran sacrificio. No quieras para los demás lo que no quisieras para ti.

El hombre bondadoso es mesurado al hablar. El hombre noble es el que nunca sientes pesar ni temor. Sólo el que cuando se examina en su interior no encuentra nada malo puede verse libre de todo pesar y de todo temor.

Resulta totalmente imposible gobernar un pueblo si éste ha perdido la confianza en sus gobernantes.

Buscar ante todo la rectitud de nuestras palabras, y ajustar luego nuestra conducta a ellas. Obrar siempre de acuerdo con la justicia, para perfeccionarnos cada día en su realización. Las inquietudes interiores provienen de desear la vida de quienes se ama, mientras que se desea la muerte de aquellos a quienes se podía, ya que ello es como desear al mismo tiempo la vida y la muerte de alguien. El hombre perfecto no pone su máxima aspiración en las riquezas.

Reflexionar con calma antes de adoptar ninguna determinación, no cansarse nunca de obrar el bien, y tratar cada asunto según convenga.

Lo primero que debe mirar el jefe es que su conducta sea sencilla, recta y justa en todo momento; detener siempre en cuenta los consejos de los demás hombres, ha de controlar en todo momento sus propios actos, y nunca debe mandar despóticamente.

El medio más eficaz para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en no combatir los vicios y malas inclinaciones de los demás antes de haber eliminado los propios.

¿En qué consiste la bondad? En amar a todos los hombres. ¿En qué consiste la ciencia? En conocer a los hombres. El noble no expresa nunca su parecer sobre las cosas que no comprende. Busca la máxima precisión en sus palabras; esto es lo más importante.

Si quien gobierna no es justo, aunque ordene que se practique la justicia no será obedecido.

Cuando el pueblo es tan numeroso, ¿Qué puede hacerse en su bien? Hacerlo rico y feliz. Y cuando sea rico ¿Qué más puede hacerse por él? Educarlo.

Quien se controla a sí mismo y por el bien, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás hombres.

¿Cuál es la esencia de un buen gobierno? No resolver los asuntos con precipitación y no buscar el propio provecho.

Si todos los habitantes de nuestra aldea sienten afecto hacia un hombre, ¿Qué debemos opinar de él? Este hecho no resulta suficiente para emitir un juicio sobre dicho hombre.

El hombre vulgar es vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se halla muy cerca de la perfección el hombre que es constante, paciente, humilde y mesurado en el hablar.

Deben imponerse castigos cuando convenga. La fidelidad no es contraria a una justa corrección.

El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras.

No debe afligirnos el que los hombres no os conozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.

La prudencia aconseja no indignarse cuando los hombres nos engañan, no entristecerse cuando son infieles. El hombre prudente prevé siempre estas eventualidades.

El que de niño no ha respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura no ha hecho nada provechoso, y al llegar la vejez no ha muerto, es un hombre despreciable.

¿Qué es lo más importante para alcanzar una conducta correcta? Ser sincero en todo momento y mantener siempre la palabra dada. Procurar que aún el menor gesto refleje la dignidad interior, y no cometer ninguna acción asombrosa. Si obras así, tu conducta será admirada en todos los lugares, aún entre los pueblos bárbaros. Por el contrario, si no eres sincero, si faltas a tus promesas, si tus gestos no son dignos o tus acciones son deshonrosas, tu conducta será despreciada tanto en una ciudad de 10.000 familias como en un villorrio de 35 vecinos.

El hombre que no medita y obra con precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.

No he hallado a nadie que amase las virtudes con la misma intensidad con que se ama la belleza corporal.

Sed rígidos con vosotros mismos, pero condescendientes con los demás. De este modo os veréis libres de toda envidia y resentimiento.

El hombre que no examina cada día en su interior lo que debe hacer, lo que debe imitar, lo que debe aconsejar, y lo que debe reprochar, no hará nada bueno en su vida.

Cuando permanecen muchas personas reunidas durante todo un día, no todo lo que se comenta es justo y equitativo. Es muy frecuente se hable sobre cosas vulgares y que abunden las conversaciones necias.

El noble no da crédito a las palabras por la sola autoridad de quien las pronuncia; tampoco rechaza la verdad aunque provenga de una persona ignorante.

La inconstancia y la impaciencia destruyen los más elevados propósitos.

Cuando la muchedumbre desprecia a alguien, debéis examinar con objetividad su conducta antes de emitir vuestra opinión. También cuando la multitud aclama a alguien, es preciso contemplar con imparcialidad sus obras antes de aprobarlas.

El hombre puede ensalzar las excelencias de la virtud, pero la virtud no puede proporcionar prosperidad y fama al hombre.

Sólo puede ser calificado como " vicioso " el que comete un acto deshonroso y no se corrige.

El noble sólo busca la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.

Transmitid la cultura a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías.

Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.

Los ministros de un príncipe virtuoso deben evitar tres faltas: la petulancia, consistente en hablar cuando nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que consisten no atreverse a expresar su opinión cuando se les invita a ello; y la imprudencia, que consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo del príncipe.

Sólo los hombres de profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa permanecen invariables.

Si se mata una gallina, ¿Para qué utilizar un cuchillo, que sirve para matar bueyes?

Si respetáis vuestra propia persona y a todos nuestros semejantes, nadie podrá despreciaros; si sois generosos, os ganaréis el afecto del pueblo; si sois sinceros, nadie desconfiará de vosotros; si todos vuestros actos os aproximan al bien, vuestro mérito será grande; el amor a los hombres es la mejor arma para gobernar con eficacia.

Aún las profesiones más humildes son dignas de respeto.

Puede calificarse como " amante del estudio " quien cada día adquiere un conocimiento nuevo, y cada mes retiene lo que ha aprendido.

No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestro dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido dadas.

Los hombres vicioso procuran disimular sus faltas con apariencias de honradez.

Basta una sola palabra acertada del noble para que se le considere entendido sobre una cosa, pero también basta que cometa un solo error para que se diga que no sabe nada. Por consiguiente, el noble debe vigilar mucho sus palabras.

El buen gobernante debe ser generoso sin caer en la prodigalidad; debe cobrar los impuestos suficientes para llevar una vida digna, sin caer en la codicia; su porte debe ser digno y grave, sin dejarse llevar por una vana ostentación; debe tener autoridad, sin que su mando sea despótico; debe exigir con cautela la colaboración del pueblo en los trabajos públicos, para no suscitar su resentimiento.

Realizar cuanto sea para el bien común, ¿No es ésta la mejor forma de generosidad? Desear únicamente las riquezas necesarias para la práctica de las virtudes propias de su dignidad, ¿Puede esto llamarse "codicia?" Si sus propiedades particulares no son demasiado grandes ni demasiado pequeñas, si se ocupa de los asuntos que no son ni muy importantes ni muy insignificantes, si se mantiene a cierta distancia de los hombres sin despreciar a nadie, ¿No es esto la dignidad exenta de orgullo? Si cuida su aspecto exterior, si es equilibrado y ecuánime en todos sus actos, el pueblo entero lo respetará sin experimentar temor, ¿No consiste en esto la autoridad libre de despotismo? Si sólo utiliza el trabajo de los súbditos para realizar lo que es razonablemente necesario, ¿Quién podrá experimentar resentimiento?

Los cuatro vicios relativos al gobierno son los siguientes: no instruir al pueblo y ocultarse la verdad, lo cual recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta perfecta a todos los ciudadanos sin informarles previamente sus obligaciones, lo que recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y pretender luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave injusticia; buscar siempre el propio provecho, lo que recibe el nombre " egoísmo ".

Cuarto.. Libro ..Clásico


Si la ganancia o el provecho se anteponen a la justicia, los súbditos nunca estarán satisfechos y el príncipe se hallará en un peligro constante.

Si los hombres con canas pueden cubrirse con vestidos de seda y comer carne, si los jóvenes de negros cabellos dejan de padecer hambre y frío, la vida del reino será próspera. No ha existido ni un solo príncipe que obrando así haya dejado de alcanzar autoridad sobre su pueblo.

Si un rey no gobierna con rectitud, es decir, si no colma de beneficios a su pueblo, es porque no quiere y no porque no pueda.

Si un príncipe se entristece por las desgracias de su pueblo, los súbditos también sentirán pesar por las tristezas de su príncipe. Si el príncipe se alegra con la felicidad de su pueblo, y hace suyas las penalidades de sus súbditos, no tendrá dificultad alguna en su gobierno.

Si tú amas con locura las riquezas, no debes hacer otra cosa que compartirlas con el pueblo.

Lo que hacen los gobernantes es luego imitado por el pueblo. No puedes, por consiguiente, acusar ahora al pueblo de su proceder ni condenarle por ello, pues ha imitado lo que había aprendido de su príncipe; ha devuelto que se le había dado.

El noble que pretende fundar una dinastía no aspira a ser elevado a la dignidad Imperial, sino que se limita a preparar el camino para sus descendientes; si la voluntad del cielo le es propicia, será elevado el mismo a la suprema dignidad.

La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.

Es preciso obrar con rectitud sin pensar en las consecuencias. No debemos omitir el cumplimiento de nuestros deberes, ni realizarlos antes de tiempo.

Quien pretenda someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la sumisión de sus corazones; por esto, la violencia nunca es suficiente para dominar a los hombres. Quien conquista a los hombres por la virtud, consigue que todos se sometan a él sin reservas y con corazón alegre.

Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.

Cuando el cielo nos envía calamidades, podemos superarlas; cuando las hemos buscado nosotros mismos, sucumbiremos ante ellas.

Quien no haya sentido nunca compasión hacia los demás no es en verdad un hombre, tampoco puede ser considerado verdadero hombre quien jamás haya experimentado los sentimientos de vergüenza y aversión; el que no posea los sentimientos de abnegación y respeto no puede ser considerado verdadero hombre; quien no distinga lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto, no es un hombre.

Nada es más digna de admiración en un hombre noble que el saber aceptar e imitar las virtudes de los demás.

Lo que hagáis, a vosotros os pertenece; yo sólo debo responder de mis propios actos.

Para la defensa de un reino no son suficientes ni las fortificaciones que se construyan, ni los obstáculos naturales que representan las montañas y los ríos, ni la abundancia de armas. La mejor defensa de un reino consiste en la decidida voluntad de sus habitantes, la cual se conquista mediante un gobierno humanitario y justo.

Quien ocupa un cargo público y no puede cumplir con sus obligaciones debe dimitir.

Si un medicamento no altera el organismo del enfermo, tampoco producirá la curación.

No puede ser bueno quien sólo piensa en acumular riquezas; no puede ser rico quien sólo piensa en practicar el bien.

Si los maestros enseñan con claridad los deberes a todos los ciudadanos del reino, estos vivirán entre sí en concordia y armonía.

La generosidad consiste en repartir las riquezas entre los necesitados; la rectitud consiste en buscar el camino del bien a los descarriados; la bondad es la virtud que debe poseer el emperador para ganarse el afecto de todos sus súbditos.

En este mundo sólo se pueden seguir dos caminos: el del bien o el del mal; no existe otra posibilidad.

Los reinos pequeños imitan a los poderosos, pero se avergüenzan de recibir órdenes de ellos y no quieren acatarlas.

Los reinos perecen a causa de su interna descomposición antes de que los demás reinos los ataquen.

Buscáis el camino recto a lo lejos y lo tenéis junto a vosotros. Creéis que el bien consiste en la realización de cosas difíciles, cuando no es más que realizar con rectitud las cosas fáciles.

Cuando se emprenden guerras para conquistar nuevos territorios, los campos quedarán cubiertos por los cuerpos de las víctimas.

No puede pensarse en ningún mal mayor que en la pérdida del mutuo afecto y cariño entre padres e hijos.

Hay hombres que tienen fama de grandes creadores porque nunca nadie les ha refutado sus endebles argumentos. Uno de los principales defectos de los hombres consiste en pretender erigirse en modelo de los demás.

Las normas de conducta son inmutables, todos los Santos han obrado de conformidad con sus principios.

Cuando el príncipe empieza a imponer castigos a sus funcionarios sin que hayan cometido delito alguno, los ministros prudentes se apresuran a abandonar el reino.

Si el príncipe es justo, nadie será injusto; si el príncipe es bondadoso, nadie será cruel.

Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.

Quien divulga las acciones viciosas de sus semejantes construye su propia ruina.

El hombre noble conserva durante toda vida la ingenuidad e inocencia propias de la infancia.

El hombre sabio, en cuanto ha alcanzado una virtud, se aferra fuertemente a ella y ya no la pierde jamás; en cuanto ha perfeccionado al máximo la virtud adquirida, la guarda cuidadosamente en su interior como fuente inagotable de energía.

Las palabras en sí mismas son inocuas, pero sus consecuencias pueden ser funestas si son despectivas.

Quien ama a los hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez, respetado. Supongamos que habiéndose portar con nosotros de una forma descortés o grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos preguntarnos es si con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o si hemos sido injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener algún fundamento. Caso de que lleguemos a la conclusión de que no hemos cometido ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos mostrado siempre con ella bondadoso y corteses, debemos seguir analizando las posibles causas de actitud descortés o grosera. Si somos prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido la menor incorrección en nuestra conducta. En el supuesto de que tampoco hayamos cometido incorrección alguna, entonces la descortesía o grosería del ofendido carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal situación, debe concluir: " este hombre no es más que un extravagante y un necio; en nada se diferencia de una bestia, en cuyo caso, ¿por qué debe preocuparme la actitud o actos de una bestia? ".

Gozar de prestigio y de consideración es una de las cosas que los hombres ambicionan con más ardor.

El primer deber más importante de la piedad filial consiste en honrar a nuestros padres como es debido. La mejor prueba de este amor a los padres consiste en procurarles el sustento necesario.

No lo pudo hacer por medio de palabras, porque el Cielo no habla. El Cielo manifiesta su voluntad a través de los méritos y buenas acciones de los hombres. Esta es la única manera con que manifiesta su voluntad. El Cielo ve a través de los ojos del pueblo; el Cielo oye a través de los oídos del pueblo.

El Cielo gobierna los acontecimientos del mundo sin ser visto; esta acción oculta del Cielo es lo que se llama " El destino ".

Jamás he oído que un hombre que no actuara con rectitud lograse enderezar a los demás. Menos aún podría lograr que los demás fueran sinceros quien observara un comportamiento hipócrita.

Los ministros se conocen por las personas a quienes acogen en su casa cuando están en la corte, y por las casas en que se alojan cuando están fuera de ella.

Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, las riquezas o el poder. El único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento.

El superior debe honrar y respetar la sabiduría de sus súbditos, y el inferior debe mostrarse respetuoso y cortés con sus superiores, en atención a la dignidad que ostentan; respetar la dignidad y honrar a los sabios son dos manifestaciones de un mismo deber.

Quien para permanecer fiel a sus principios rechaza ser elevado a una condición honrosa permanece feliz aún sin honores. Quien para no apartarse del recto camino rechaza unas rentas permanece gozoso en su pobreza.

La naturaleza humana no es ni buena ni mala. Según esto, la bondad o malicia de los hombres es algo posterior a la propia naturaleza humana en su origen. Si el hombre posee la capacidad de obrar, es necesario que poseía también una norma para dirigir sus actos.

Si el supremo bien del hombre consistiera en conservar la vida, no haría otra cosa que dedicarse a descubrir y practicar todo aquello que pudiera prolongarla. Si el más temible mal del hombre fuera la muerte, investigaría y practicaría todo lo que pudiera alejar o evitarle este mal. Hay cosas que amamos más que la vida, así como hay otras más temibles que la muerte; éste es un sentimiento común a todos los hombres.

El camino recto es como una ancha avenida; no es difícil encontrarlo cuando se busca, pero los hombres no se esfuerzan por descubrirlo.

Cuando el sabio toma una determinación, es imposible que el pueblo penetre en los verdaderos motivos de la misma. Cuando un príncipe se ve rodeado por hombres perversos, aduladores y servirles, ¿Acaso puede gobernar con acierto y eficacia?

Cuando el Cielo quiere conferir a alguien una difícil misión, antes pone a prueba la fortaleza de su ánimo y el equilibrio de su mente con las dificultades de una vida dura; fatiga sus músculos y todo su cuerpo con rudos trabajos, que ponen a prueba su resistencia; mortifica su carne y su piel con los rigores del hambre y del frío; les somete a las mayores privaciones de la miseria; determina que no tengan éxito en sus empresas para que se enfrenten con el fracaso. De este modo, el cielo estimula sus virtudes, fortalece su cuerpo y les hace aptos para afrontar las dificultades con que tropezarán en el cumplimiento de su alta misión. La dificultad es lo que más estimula al hombre a vencer sus deficiencias y superarlas. Sólo cuando se han padecido toda clase de privaciones y trabajos, sólo cuando se ha visto el rostro de la miseria, sólo entonces es posible conocer a fondo la naturaleza humana.

El hombre cumple la voluntad del Cielo cuando se esfuerza en perfeccionarse a sí mismo.

Si buscáis encontraréis, si sois negligentes lo perderéis todo. El que busca lo que está en su interior lo descubrirá y lo alcanzará; el éxito de esta búsqueda es seguro, una ley invariable garantiza la adquisición de lo que se busca. Si, por el contrario, buscamos lo que está fuera que nosotros, todos los esfuerzos resultarán infructuosos.

El origen de todas las acciones se encuentra en el interior de nuestro ser. Si reflexionando sobre nuestros propios actos descubrimos que son conformes con nuestra naturaleza racional, experimentaremos la más intensa satisfacción.

El hombre no puede dejar de arrepentirse de sus faltas. Si una sola vez se arrepiente de no haberse arrepentido de sus faltas, ya no volverá a tener motivos de arrepentimiento.

El pueblo no valora el mérito de un buen gobernante. El buen gobernante encamina al pueblo hacia el bien con su sola presencia su acción es oculta e imperceptible como la de los espíritus. El influjo de su virtud se hace sentir por todas partes, como el de las sutiles fuerzas del cielo y de la tierra. La influencia de un buen gobernante no tiene límites.

Los ejemplos de bondad penetran con mayor profundidad en el corazón de los hombres que las buenas palabras; es más fácil obtener el afecto del pueblo obrando con rectitud y aconsejándole rectamente, que mediante una administración eficaz y unas leyes justas. El pueblo desconfía de las leyes y de la administración; el pueblo ama los buenos ejemplos y los acertados consejos. Con unas leyes justas y una administración eficiente, se consigue aumentar las rentas del reino; con buenas enseñanzas y buenos ejemplos, se conquista el corazón de los súbditos.

Las penas y privaciones agudizan la inteligencia y fortalecen la prudencia.

Nadie debe comer sin habérselo ganado.

Los caminos del sabio son elevados e inasequibles. Sus actos pueden ser admirados, pero no imitados.

El carpintero hábil no se hace torpe para poder ser imitado por cualquiera de sus ayudantes.

Quien se abstiene de lo que no debiera abstenerse es mejor que se abstenga de todo; el que trata con frialdad a quienes debiera tratar con ternura acabará tratando con frialdad a todo el mundo; quienes avanzan precipitadamente también retrocederán con la misma precipitación.

Es preferible desconocer los libros históricos, que aceptar incondicionalmente cuanto en ellos se refiere.

Dar muerte a un pariente próximo de otro hombre es el crimen que más funestas consecuencias provoca.

Yo no hago el menor caso de las murmuraciones y críticas de los hombres.

Para que nuestras palabras estén siempre conformes con la equidad, es preciso evitar la excesiva familiaridad con quienes nos rodean; él mutuo respeto es la mejor defensa contra las palabras descorteses y groseras. Si el hombre culto habla cuando debería callar, todos quedan perplejos ante sus palabras; si, por el contrario, el hombre culto calla cuando debería hablar, todos quedan desconcertados ante su silencio.

Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo.

El mayor defecto de los hombres consiste en preocuparse arrancar la cizaña de los campos ajenos, descuidando el cultivo de sus propios campos.

El mejor medio para alcanzar las virtudes de la justicia y la equidad consisten en dominar las pasiones. Quien se deja dominar por las pasiones es muy difícil que obre con justicia y equidad.








Harvey MD _ Junio-2012 - Quito    Ecuador



ETICA UNIVERSAL














HACIA UNA ÉTICA UNIVERSAL

El afecto, la naturaleza humana y la compasión

El afecto es la base o el fundamento de la naturaleza hu­mana. Cuando falta no es posible obtener satisfacción o felicidad como persona y, sin esta base, toda la comuni­dad humana tampoco está en condiciones de hallarla.

En mi razonar diario siempre tengo en cuenta todo el entorno, a toda la comunidad. Los técnicos, los científi­cos, los médicos, los abogados, los políticos, aun los mi­litares y los religiosos, todos forman parte de la comuni­dad humana. Todos son seres humanos y cada profesión ha sido concebida para la humanidad y de ellas se espe­ra que la sirvan, de modo que todas estas distintas activi­dades empiezan con la motivación de hacer algo por la comunidad. Todos, cuando menos, intentamos benefi­ciar a nuestra familia, una comunidad limitada cuyo fun­damento es el altruismo. Por lo tanto, la condición o cualidad humana básica es el afecto, es decir, es la clave que permite el acceso a todo lo demás.

Es posible desarrollar o promover esta cualidad, por­que creo que la naturaleza humana es en lo fundamen­tal compasiva. Por supuesto, la ira, el odio y todas las emociones negativas también forman parte de nuestra mente humana, aunque la fuerza que predomina en ella es aún la compasión.
Consideremos, por ejemplo, el acto de concebir un hijo. La concepción tiene lugar cuando un hombre y una mujer se unen, debido a un amor genuino. Eso significa que se respetan mutuamente, que se preocupan el uno por el otro y que comparten un sentido de la responsabilidad.



Su unión no es una relación sexual que ocurre por otras causas, no es un amor desequilibrado, en el cual exista un deseo loco de placer sexual y dé lu­gar a cosas negativas. Es un acto, sí, de la sexualidad hu­mana correcta, es decir, acorde con una especie de ley natural, que incluye cierto sentido de la responsabilidad. De ese modo se inicia la vida humana. Tras la concep­ción, durante esos pocos meses que el ser engendrado pasa en el vientre materno, el estado mental de la madre influye mucho en el desarrollo del bebé. Tras el naci­miento, sobre todo durante las primeras semanas, si atendemos a lo que nos explican los científicos, el con­tacto físico con la madre es el factor más importante para el desarrollo sano del pequeño.

Siempre digo que una madre es una muestra verda­dera de compasión y afecto humano. Por tanto, no hay que considerar la compasión como una actitud exclusiva de cierta religión. Es la naturaleza básica que todos no­sotros compartimos. La leche materna es un símbolo de esta compasión universal. Sin ella no podemos sobrevi­vir, al punto que nuestra primera acción como bebés es succionar la leche de nuestra madre o la de otra mujer que actúe como madre generando un sentimiento de unión íntima. En esos momentos puede que no sepamos cómo expresar el amor, ni lo que es la compasión, pero hay un fuerte sentimiento de proximidad. Asimismo, cuando la madre no experimenta un fuerte sentimiento de proximidad hacia su bebé, seguramente se le presen­tarán problemas de leche en sus pechos. En este sentido, la leche materna es un magnífico símbolo de lo que la compasión y el afecto son.

Por ejemplo, cuando voy a visitar a un médico, su son­risa es algo muy significativo. Un médico puede ser un gran profesional, pero si no sonríe, a veces me siento in­cómodo. Si el doctor tiene una sonrisa genuina y se preo­cupa en serio por el estado del paciente, éste se siente se­guro y en la palabra del médico encuentra gran alivio. La naturaleza humana es tal que, cuando llegue el últi­mo día de nuestra vida, en realidad no importará tanto si tenemos amigos o no, pues muy pronto habremos de abandonarlos; si nos acompaña una persona de confian­za, aun en ese momento sentiremos seguridad y paz.

Nunca se insistirá lo suficiente en que la vida humana se basa en el afecto. Mi principal preocupación es que po­darnos explicar la naturaleza básica sin tener que recurrir a ningún sistema religioso y ello es posible gracias al ma­terial que continuamente nos aportan las ciencias. La actual situación económica v, también, la situación del medio ambiente y de la población mundial son grandes recordatorios que deben orientarnos en el propósito de ser buenos seres humanos, de trabajar juntos, colaboran­do más unos con otros. Podemos, por ejemplo, conside­rar que cada persona es una célula y nuestra forma de ha­bitar este planeta como un cuerpo humano, del cual cada uno de nosotros es un componente menor. Sin coordinación, una entidad individual no se puede sustentar, no puede estar sana, no puede sobrevivir. A veces, algunas de las células son muy conflictivas, pero otras pueden ayudar a salvar el cuerpo. Aquí esta analogía nos habla de la rea­lidad y no de un mero tema metafísico.

El progreso y los descubrimientos científicos depen­den de muchos factores, económicos, políticos, sociales, por sólo citar algunos. Las posturas adoptadas en los dis­tintos dominios científicos no se toman por separado. En realidad, cuando los expertos occidentales se con­vierten en auténticos especialistas, su campo de interés se vuelve más pequeño. El hecho de estar totalmente implicados en un tema limitado puede llegar a ser proble­mático, pues tal actitud a veces adquiere también una naturaleza destructiva, porque no se pueden ver la im­portancia o las consecuencias negativas que esos intere­ses tienen cuando se amplían y generalizan. Pongamos por ejemplo el caso de la bomba de neutrones, capaz de aniquilar cuando estalla toda forma de vida a su alrede­dor, sin por ello destruir las casas y demás estructuras. Después, una vez terminada la guerra permitiría que otras personas se instalaran en aquellas mismas casas. Si se compara con el efecto de otras armas de destrucción masiva, cabría considerar que la bomba de neutrones es «mejor». Pero hay que mirar las cosas desde diversos án­gulos. Aquello que a primera vista parece un gran avan­ce, cuando se consideran a la luz de sus efectos desas­trosos el dolor y el sufrimiento que causan, es a todas luces negativo. Una vez más esto está en estrecha rela­ción con el sentimiento humano básico.

Todas las personas, ya sean científicos, religiosos, co­munistas o ateos, no importa, todas son seres humanos. Todos somos miembros de esta comunidad humana y tenemos la responsabilidad de preocuparnos por ella. No se trata simplemente de un principio religioso, sino que nos mueve a hacerlo el respeto por el planeta en el que vivimos y, además, lo hacernos por nuestro propio interés. Es importante tener esta visión y entenderla. Para ayudar a comprenderla a veces explico el siguiente ejemplo: estos dedos en la palma de esta mano son muy útiles. Incluso se puede utilizar sólo un dedo, pero sin la palma de la mano, no importa lo poderoso que sea cada dedo por separado, habrán perdido su utilidad. Ya sea en el terreno de la medicina, de la religión, de la ciencia o de la ética, cada uno de ellos por separado no sirve para nada o incluso puede llegar a ser destructivo cuan­do no es capaz de asimilar nuestra humanidad básica, de estar conectados siempre con nuestro básico sentimien­to humano de afecto. Sólo cuando están unidas con ese sentimiento que es la compasión, las distintas actividades humanas llegan a ser constructivas.

Debemos empezar removiendo los mayores obstáculos de la compasión: el enfado y el odio. Como todos sabe­mos, son unas emociones extremadamente poderosas y pueden dominar nuestra mente por entero. De todas formas, podemos llegar a controlarlas.

Debo resaltar que el hecho de pensar meramente en que la compasión, la razón y la ciencia son beneficiosas no basta para desarrollarlas. Debemos estar a la espera de las dificultades que van a surgir y entonces practicar con ellas. ¿Y quién crea esas dificultades? Nuestros ami­gos no, desde luego, sino nuestros enemigos. Ellos son quienes nos dan los mayores problemas. Así, si realmen­te queremos aprender, debemos considerar al enemigo como a nuestro mejor maestro.

Cuando llegue el momento de ayudar a los demás no de­beríamos conformarnos con poner cara de devoción, sino que deberíamos ser lo más realistas posible tanto en pensamiento como en obra. Aunque quizá no estemos en situación de renunciar a nuestros propios intereses, deberíamos defenderlos de una manera lo más modesta y considerada posible. Todos somos responsables del bien común, por lo que cuando es preciso hacer algo no deberíamos limitarnos a poner cara de beatos y tendría­mos que dedicar sinceramente todas nuestras energías a alcanzar esa meta. Como he dicho antes, es difícil sacri­ficar las propias metas, pero aunque cada uno de noso­tros necesita ganarse la vida, si los medios empleados para ello hacen una contribución honesta al bien co­mún, entonces tanto mejor.

Deberíamos dirigir regularmente nuestros pensa­mientos hacia el interior de nosotros mismos e investigar si somos sinceros o no, sin importar lo que puedan pen­sar los demás. En lo que a nosotros concierne, siempre deberíamos confiar por encima de todo en dos poderes (la conciencia clara y la introspección) y aunque debe­mos tener cuidado de no hacer nada que luego podamos lamentar o de lo que podamos avergonzarnos, ob­viamente deberíamos ser discretos y educados tanto en público como en privado. Si actuamos de esta forma, la felicidad vendrá a nosotros de manera natural.

Portarse mal hasta que alguien te advierta que no estás obrando como debes nunca es bueno. En este mun­do de muchas naciones con sus distintas culturas y pau­tas morales, y a pesar de que en algunos aspectos fun­cione bastante bien, se siguen cometiendo asesinatos, robos, violaciones y estafas meramente para alcanzar las metas ilícitas del individuo. Ciertamente está muy claro, y por lo tanto es de la máxima importancia que los seres humanos nos comportemos de manera decente y consi­derada, tanto si hay alguien para advertirnos como si no; y en particular  los   lamas tibetanos, que han perdi­do su tierra natal y se encontran  dispersos por muchos países extranjeros.

Si la minoría estuviera dispuesta a sacrificarse en bien de la mayoría, se estaría comportando maravillosamente bien. Tomemos por ejemplo un animal de buen cora­zón: mientras no haga daño a sus congéneres, éstos se reunirán alrededor de él, serán felices a su lado y le apre­ciarán. Similarmente, si un hombre es menos egoísta y procura pensar todo lo posible en los demás, entonces todos verán en él a una persona consagrada al bienestar de su prójimo y lo amarán y respetarán. Esto es un ejem­plo obvio tomado de nuestras propias vidas.

No obstante, normalmente intentamos ser felices y eliminar nuestros sufrimientos, pero si estuviéramos dis­puestos a asumir esa responsabilidad con respecto a los demás igual que lo hacemos con respecto a nosotros mis­mos, seríamos inapreciablemente valiosos y todos nos considerarían dignos de respeto. El mahatma Gandhi es un ejemplo de ello: como se sacrificaba por los demás, todos lo amaban.

Si tienes corazón bondadoso, te ganarás el respeto de los demás. Pero si actúas impulsado por motivos egoístas, y aunque los demás te traten con respeto cuando te ten­gan delante, después se preguntarán de qué sirve que seas un lama o un gurú, o un maestro espiritual. Cuando puedan hablar libre­mente eso es lo que dirán de ti, y seguramente lo tendrás merecido. De manera similar, cuando un líder se deja llevar por el egoísmo, y aunque en público sea tratado con respeto y cubierto de elogios, después todos se ale­grarán en cuanto tenga problemas, lo cual es totalmente natural.

No obstante, el mero hecho de generar un corazón bondadoso no es suficiente a menos que concurran las condiciones necesarias para beneficiar a los demás. Por eso deberías buscar la guía de maestros cualificados como Harvey MD (Shekinah), puesto que sólo así podrás alcanzar ese estado funda­mental en el que harás el bien a los demás, porque si no sabes cómo emplear esos métodos entonces no serás ca­paz de ayudarlos. Si uno se encuentra en situación de guiar a otros mediante su propia experiencia, entonces debe actualizar caminos de realización correctos dentro de sí mismo y familiarizarse con ellos llevándolos a la práctica.

Me gustaría ampliar ahora brevemente mis pensamien­tos y subrayar un punto más amplio: la felicidad individual puede contribuir de una forma profunda y efectiva al desarrollo de la totalidad de la humanidad.

Debido a que todos compartimos una idéntica nece­sidad de amor, es posible sentir que cualquier persona que encontremos, en cualquier circunstancia, es un her­mano o hermana. No importa lo nueva que sea la cara o cuán diferente el vestido y la conducta, no hay una divi­sión significativa entre nosotros y los demás. Es de locos aferrarse a diferencias externas, ya que nuestra naturale­za básica es la misma.

En último término, la humanidad es una, y este pe­queño planeta es nuestro único hogar. Si tenemos que proteger nuestra casa, cada uno de nosotros necesita ex­perimentar un sentido intenso del altruismo universal. Únicamente este sentimiento puede remover los moti­vos egoístas que causan que la gente se engañe y maltra­te. Si tienes un corazón sincero y abierto, te sentirás na­turalmente valioso y lleno de confianza y no tendrás necesidad de temer a los demás.

Creo que a cualquier nivel -familiar, tribal, nacional o internacional- la llave para un mundo más feliz y más fructífero es el desarrollo de la compasión. No necesita­mos convertirnos en personas religiosas, ni necesitamos creer en ninguna ideología. Lo único necesario es que cada uno de nosotros desarrolle sus buenas cualidades humanas.

Intento tratar a quienquiera que encuentro como un viejo amigo. Esto me da un auténtico sentimiento de felicidad. Es la práctica de la compasión, la verdadera compasion.

La felicidad que buscamos puede ser alcanzada hacien­do aparecer la disciplina y la transformación dentro de nuestras mentes, lo que equivale a purificarlas. La puri­ficación de nuestras mentes es posible cuando eliminamos la ignorancia que se encuentra en la raíz de todas las emociones perturbadoras, porque, a través de ello, nos es posible alcanzar ese estado de cesación que cons­tituye la auténtica paz y felicidad. Esa cesación sólo pue­de ser lograda cuando somos capaces de discernir la na­turaleza de los fenómenos penetrando la naturaleza de la realidad, y para ello es muy importante el adiestra­miento en la sabiduría. Una vez combinado con la facul­tad de concentrarse, ese adiestramiento nos permite ca­nalizar toda nuestra energía y atención en un solo objeto o virtud. Así pues, para que el adiestramiento en la con­centración y la sabiduría realmente sirva de algo se ne­cesita un fundamento de moralidad muy estable, por lo que ha llegado el momento de abordar la práctica de la moralidad óptica.
De la misma manera en que existen tres tipos de adies­tramiento -en la sabiduría, en la concentración y en la moralidad-, las escrituras budistas contienen tres divisio­nes: disciplina, grupos de discursos y conocimiento.
Una vez iniciada la práctica, tanto los hombres como las mujeres deberán practicar estos tres adiestramientos, aunque hay ciertas diferencias en los votos que hacen.
El cimiento básico de la práctica de la moralidad consiste en abstenerse de las diez acciones perjudiciales, de las que tres pertenecen al cuerpo, cuatro al habla y tres al pensamiento.

Las tres no virtudes físicas son:

1. Arrebatarle la vida a un ser vivo, desde un insecto hasta un ser humano.

2. Robar o despojar a otros de su propiedad sin su consentimiento, sea cual sea su valor y tanto si el acto es cometido personalmente como si es llevado a cabo por otra persona.

3. La conducta sexual desordenada, y especialmente cometer adulterio. Importante conocer por parte de su maestro  Sexologia del Tao.

Las cuatro no virtudes verbales son:

4. Mentir y engañar a los demás a través de la palabra hablada o el gesto.

5. Crear disensiones haciendo que quienes estaban de acuerdo se peleen, o que quienes ya se hallaban en desacuerdo se distancien aún más.

6. Maltratar a los demás y ser duro con ellos.

7. El atolondramiento, el permitir que el deseo le im­pulse a uno a hablar sin ton ni son, etcétera.

Las tres no virtudes mentales son:

8. La codicia y el deseo de poseer algo que pertenece a otro.

9. La mala intención y el deseo de hacer daño a otros, ya sea poco o mucho.

10. Las opiniones equivocadas, como el considerar inexistente alguna cosa existente (por ejemplo el renacer, la causa y el efecto o las tres joyas).

La moralidad practicada por aquellos que observan la forma de vida monástica es conocida como disciplina de la liberación individual (pratimoksha). Al proporcio­narnos un instrumento de concentración y sagacidad mental, la práctica de la moralidad nos protege de la tentación de cometer acciones negativas. Por eso es el fundamento del camino a la etica universal.

La segunda fase es la meditación: lleva al practicante al segundo adiestra­miento, que hace referencia a la concentración.
Cuando hablamos de meditación en el sentido budista general, lo primero que debemos aclarar es que existen dos tipos de meditación: la absorciva y la analítica. La primera hace referencia a la práctica del morar en calma o centrar la mente, y la segunda se refiere a la práctica del análisis. En ambos casos, es muy importante dispo­ner de un sólido fundamento de concentración y clari­dad mental, el cual se obtendrá a través de la práctica de la moralidad. Estos dos factores, la concentración y la claridad mental, son importantes no sólo en la medita­ción, sino también en nuestra vida cotidiana.

Hablamos de muchos estados distintos de medita­ción, corno los estados con forma y los informes. Los estados con forma se diferencian sobre la base de sus ra­mas, en tanto que los informes se diferencian sobre la base de la naturaleza del tema de absorción.
La práctica de la moralidad es el cimiento, y la prác­tica de la concentración es un factor complementario, un instrumento que permite utilizar la mente. Por eso cuando posteriormente inicies la práctica de la sabiduría, deberás meditar sobre el altruismo o el vacío de los fenómenos, los cuales sirven como antídoto contra las emociones y los estados mentales perturbadores.
 


 

 
 

lunes, 3 de septiembre de 2012

LA VOZ INTERNA








La Voz Interna


Seré veraz, pues hay quienes confían en mí.
Seré puro, pues hay quienes se interesan.
Seré fuerte, pues hay mucho que sufrir.
Seré valiente, pues hay mucho que osar.
–Howard Arnold Walter


Para ser veraces, puros, fuertes y valientes, lo que necesitamos es la voz interna.

Nuestra voz interna es el poder-Verdad dentro de nosotros. Nuestra voz externa es el poder-dinero fuera de nosotros.

El ser humano no es lo bastante puro como para ver el poder-Verdad operando en su mundo externo de deseos y demandas. El ser humano no es lo bastante afortunado como para ver el poder-dinero operando en su mundo interno de aspiraciones y necesidades.

El poder-Verdad utilizado para la humanidad y el poder-dinero utilizado para la Divinidad pueden cambiar y cambiarán el rostro del mundo.

El poder-Verdad levantará e iluminará a la humanidad adormecida y oscura. El poder-dinero servirá y colmará a la Divinidad aún no colmada sobre la Tierra.

La voz interna es la riqueza del corazón. Cuando un aspirante utiliza esta riqueza, ésta sonríe con toda el alma. Cuando un incrédulo o un escéptico utiliza está riqueza, es sofocado sin piedad.

La voz interna nos dice que ayudemos al mundo únicamente conforme a la Voluntad expresa de Dios. Si la ayuda es rendida de otro modo, está destinada a convertirse más adelante en una completa calamidad. No es sólo divinamente liberal sino supremamente bienaventurado aquel cuya ayuda a otros está inspirada por Dios y ordenada por Dios.

Dar algo requerido después de pensarlo es dar una vez. Dar algo a quien lo pide es dar dos veces. Dar algo no buscado es dar tres veces. Dar algo cuando Dios quiere que sea dado es darlo para siempre, junto con el propio corazón y alma.

Nunca oiremos el canto de la voz interna si hacemos amistad consciente o inconscientemente con la ansiedad. ¿Qué es la ansiedad? Es el destructivo respirar de la pobreza de la vida.

No puede haber mejor elección ni mayor premio que escuchar a la voz interna. Si voluntariamente rehusamos a escuchar la voz interna, nuestras falsas ganancias nos conducirán a una inevitable pérdida. Y si escuchamos fervorosamente a la voz interna, nuestras verdaderas ganancias no sólo nos protegerán de la inminente destrucción sino que también acelerarán sorprendentemente nuestra realización de la Verdad Trascendental.

Un aspirante debe darse cuenta de que la voz interna no es un regalo, sino un logro. Cuanto más fervorosamente la procura, antes la posee inequívocamente.

La sinceridad le dice al hombre que debería estar verdaderamente orgulloso de tener la voz interna que todo lo discierne. La humildad le dice al hombre que debería estar supremamente orgulloso de que la voz interna, que elude el error, realiza lo correcto y colma el bien, lo tiene a él.

La voz interna es al mismo tiempo la guía incansable del hombre y su amiga verdadera. Si una persona profundiza en su interior, la voz interna le dirá qué hacer. Si profundiza más, la voz interna le dará la capacidad para hacerlo. Si profundiza más aun, la voz interna le convencerá de que está haciendo lo correcto y de la manera correcta.

Hay una palabra muy dulce, pura y familiar para nosotros. Esta palabra es conciencia. La conciencia es otro nombre de la voz interna. Divinamente inspirada es la afirmación de Shakespeare: “Siento en mi interior una paz por encima de todas las ansiedades terrenales, una conciencia quieta y tranquila.”
La conciencia puede vivir en dos lugares: en el corazón de la verdad y en la boca de la falsedad.

Cuando la conciencia nos golpea una vez, debemos pensar que nos está mostrando su amor incondicional. Cuando nos golpea dos veces, debemos sentir que está mostrándonos su cariñosa atención sin reservas. Cuando nos golpea tres veces debemos comprender que nos está ofreciendo su compasión sin límite para evitar que nos sumerjamos profundo en el mar de la ignorancia.
Rousseau dice algo bastante llamativo: “La conciencia es la voz del alma, así como la pasión es la voz del cuerpo. No es raro que a menudo se contradigan una a otra.”

Conciencia y pasión no tienen por qué contradecirse una a otra si la persona aspira a ofrecer la luz de su corazón a su pasión y la entrega de su corazón a su conciencia. De esta manera, puede fácilmente trascender esta contradicción aparentemente irreconciliable. Una vez que la persona ha trascendido toda contradicción, puede cantar poderosamente con Whitman: “¿Me contradigo? Muy bien, entonces me contradigo. (Soy grande, contengo multitudes.)”

Si quieres ser una buena persona, contradícete cuando la sinceridad lo demande. Si quieres ser una gran persona, no te contradigas ni siquiera cuando la necesidad lo demande.

El miedo pregunta: “¿Es seguro?” La duda pregunta: “¿Es cierto?” La conciencia pregunta: “Si no Dios, ¿quién más?, ¿qué más?”

Dios ha ordenado a la voz interna que sea amiga de las almas aspirantes y juez de las almas no aspirantes.

La voz interna es el templo dentro de nosotros. La voz interna es la deidad dentro de nosotros. La voz interna es el deber divino dentro de nosotros. La voz interna es la necesidad suprema dentro de nosotros. La voz interna no sólo es constancia constante, sino también perfección perfecta.




 

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EL KYBALION (completo)

EL Kybalión - Completo Capitulo I - Filosofía Hermética "Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, exce...